Opinión

Uno de nosotros

Brigitte Colmán Por Brigitte Colmán

Óscar González Daher no era una persona cualquiera, era un árbol que daba frutos, de acuerdo con la analogía que una vez hizo un candidato a la presidencia de la República que al final no pudo ganar unas elecciones.

González Daher había nacido en la República de Luque, en el año 1953, e inició tempranamente su carrera en el campo futbolero, el cual posteriormente abandonó para meterse de lleno al lodazal político.

Como corresponde al currículum de todo buen colorado, digno heredero del centauro de Ybycuí, comenzó siendo presidente del Centro de Estudiantes de Derecho y Notariado de la Universidad Nacional de Asunción, y después de eso vino la presidencia de la Juventud Colorada de Luque.

El gran salto lo dio cuando fue electo diputado.

Primero fue presidente de la Cámara de Diputados, y después del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, institución donde supo amasar poder y una influencia absoluta en la Justicia.

Óscar González Daher ocupó una banca en la Cámara de Senadores por 20 largos años, y finalmente fue expulsado por sus pares en el año 2017.

Pero mucho antes, en el año 2010, una investigación de Última Hora y Telefuturo reveló una millonaria evasión impositiva por parte del entonces presidente del Congreso, Óscar González Daher, y su empresa Príncipe de Savoia.

La investigación comprobó que 65 inmuebles del entonces senador colorado evadían impuestos inmobiliarios en Luque, gracias a la adulteración de datos en el sistema informático de la Municipalidad.

Por poner un ejemplo, fueron encontrados edificios de dos plantas situados en pleno centro de Luque, que pagaban ínfimas sumas en impuestos porque figuraban como terrenos baldíos y ubicados en zonas rurales. De hecho que la quinta de González Daher figuraba con una superficie 10 veces menor.

En aquel momento de la publicación de la investigación existía la presunción de que las propiedades fueron obtenidas a través de la usura; pero ninguna de las víctimas se animaba a hablar, pues conocían bien el poder que tenía el clan de los González Daher.

Al final, por este caso, solamente fue procesado un funcionario de Informática de la Municipalidad, Tomás Vargas, quien vivía en una humilde residencia.

La Justicia tardó un poco en llegar, y antes de que un infarto le diera impunidad absoluta, regresamos al año 2017, cuando en el mes de diciembre salen a luz unos audios de conversaciones telefónicas que pusieron en evidencia sus operaciones ilegales de tráfico de influencias, las cuales ejercía como presidente del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados. Nada más y nada menos.

Por este caso de los audios, pese a lo explícito y obsceno que resultó escuchar cómo jugaban con la Justicia, apenas le dieron una condena de dos años. Ni siquiera fue a la cárcel. Pero ya entonces todo el mundo supo del poder que concentraba, a pesar incluso de haber sido expulsado del Congreso, en diciembre de 2019, junto con el ex fiscal general del Estado Javier Díaz Verón, fue declarado como “significativamente corrupto” por el Gobierno de Estados Unidos, país que de paso le prohibió la entrada de por vida a él, su esposa y sus hijos. Así fue como el árbol se quedó sin visa.

Al final, un tribunal de sentencia lo condenó a González Daher y a su hijo Óscar González Chaves a 7 y 8 años de prisión, respectivamente, por diferentes hechos de corrupción.

El día de la muerte de Óscar González Daher la ANR declaró tres días de duelo partidario; durante el duelo partidario la bandera del Partido Colorado permaneció izada a media asta y se le rindieron honores. Totalmente comprensible dado que la ANR hasta hoy venera al dictador Stroessner como una de sus más importantes figuras.

Óscar González Daher no era uno de nosotros, era uno de ellos.

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