06 may. 2026

Uno de los mejores críticos literarios

Foto UH Edicion Impresa

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Delfina Acosta

Tengo el grueso libro María, de Jorge Isaacs, con introducción y notas del amigo Enrique Marini Palmieri. Un texto de detallada investigación, de alto calibre lingüístico.

El libro me remonta, inevitablemente, a la gran figura del estudioso de la Literatura Universal, recientemente fallecido.

Leo la dedicatoria de unas pocas, pero cariñosas palabras, con fecha del 27 de septiembre de 2017.

Para recordarlo como se merece es menester traer a la memoria su valiosa reseña biográfica, reseña de un coloso, ciertamente. Fue uno de los mejores críticos literarios paraguayos, como lo fue, en otros tiempos, el poeta, cuentista y crítico literario Hugo Rodríguez Alcalá, o Roque Vallejos, que nos deleitaba, semanalmente, con su columna literaria Recogiendo guantes, publicada en el diario vespertino Última Hora.

Coordinó tertulias literarias desde 1984 hasta 1988, en el Grupo de Estudios dirigido por Raquel Chaves. También dio charlas en el Centro de Estudios Brasileros. Sus últimas investigaciones fueron sobre sor Juana, en Buenos Aires. Escribió un valioso libro acerca de nuestro Eloy Fariña Núñez.

UNA GRAN TRAYECTORIA

Fue licenciado en Letras por la Universidad Nacional de Asunción. Obtuvo la maestría en Filología francesa en la Universidad de la Sorbona (Literatura contemporánea), y el doctorado en Filología Hispánica (Literatura Hispanoamericana: Modernismo Literario). Y la habilitación para dirigir Investigación (Literatura Hispanoamericana) en la Universidad de París III- Sorbona Nueva. Fue miembro de número de la Academia Paraguaya de la Lengua Española. Fue socio del PEN Paraguay.

Especialista del modernismo literario hispanoamericano. Estudió la obra literaria de autores del Río de la Plata: Gabriel Casaccia, Augusto Roa Bastos, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar. También estudió la obra de numerosos poetas y narradores paraguayos.

Intelectual de primera línea: conversar con él era aprender, empaparse de conocimientos, de sabiduría, de historias y vidas de celebridades de la literatura de todos los tiempos. Enrique, siendo un estudioso y pensador, se volvió un hombre de todos los tiempos. Profundamente humano, sencillo hasta la médula, sensible a la poesía, noble, apasionado por la fe, con estas palabras intento definir al amigo, al ser humano, al ex catedrático, al hombre de letras con quien tuve el privilegio de conversar sobre proyectos literarios, poesía, narrativa, mutuos anhelos de un país mejor y una educación de mayor nivel.

EL VALOR DE LA CREATIVIDAD

Nunca olvido la chispa de ilusión y alegría que asomó a sus ojos cuando me mostró, una tarde calurosa de diciembre, un pesebre en miniatura. ¡Qué hermoso! ¡Cuánta ternura!

—Sí, lo compré en España —dijo con la alegría de un niño grande. Faltaban pocos días para la llegada de la Navidad.

En una oportunidad me mostró un libro pesado, de primorosa tapa y de remota fecha: un ejemplar de Don Quijote, una reliquia. Vivía entre libros, conocía el valor justo de la creatividad, y aquella prenda, que exhibía ante mis ojos, fue tratada con sus mejores palabras: “Es mi joya”. Sin lugar a dudas, tenía razón. Yo, como él, admiro la obra de Miguel de Cervantes Saavedra.

Varias veces charlábamos sobre cualquier cosa, como amigos que éramos, pero casi siempre volvíamos al sitio obligado: la literatura. Creo no equivocarme mucho si afirmo que tenía pensamientos literarios, pues su vida giraba en torno a los libros.

Me queda la satisfacción de haber sido su amiga tardía, pero amiga, de haber escuchado un elogio sobre mi obra poética (con la precisión quirúrgica del crítico), de haber saboreado tazas de café con leche en su compañía.

Lindas tardes de meriendas, de charlas, de risas, de ocurrencias, de sueños, de historias de mitos y leyendas de la literatura.

Por haber cumplido cabalmente con su misión, lo saludo con las merecidas palabras: ¡misión cumplida, inolvidable maestro!