Luego de la agitada semana electoral que concluye en la Universidad Nacional de Asunción (UNA) con la elección de un nuevo rector, ligado política y partidariamente al senador colorado Juan Carlos Galaverna –quien abiertamente le dio respaldo–, se abre un periodo de 5 años de incertidumbre que solo el día a día podrá dilucidar.
Del aluvión de acusaciones en contra de Froilán Peralta –exdecano de Veterinaria y ahora rector de la UNA– no queda mucho que opinar. Solo resta destacar que el temor expresado por un importante sector docente, estudiantil y administrativo –de la partidización de la universidad– puede ir en aumento y cobrar mayor realidad si él mismo no se encarga de desactivarlo con hechos concretos y claros; con una decidida política de apertura, de trabajos y decisiones participativas, democráticas y sin persecución alguna. En definitiva, respetando a carta cabal la autonomía que rezan los estatutos de la universidad.
Preguntaban en estos días referentes del Centro de Estudiantes de Filosofía si qué pensaba de las elecciones del nuevo rector. No puede consentirse la partidización de ningún estamento educativo, académico, científico, sea del pelaje que fuere. Me hablaban del menos peor de los candidatos. Y tampoco puede discurrirse sobre esa idea porque sencillamente las cosas en estos casos solo pueden ser: muy buenos o peores.
Ya bajo la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), tuvimos la dolorosa y terrible experiencia de la partidización de la universidad. Un espacio que debería caracterizarse por la universalidad, la promoción de valores, como la libertad, la diversidad, la participación y la democracia, se convirtió en un coto de censura, de imposiciones autoritarias, persecuciones por ideología, coacciones y elípticamente hasta de asesinatos, como el caso de Rodolfo González de Derecho UNA (10 de abril de 1986).
El nuevo rector, considerado por algunos estamentos el último bastión stronista en la UNA, tiene la oportunidad de demostrar que es infundado todo lo que se teme, anuncia y denuncia, entre ellos que nombraría como administrador al exsenador colorado, operador de Galaverna, denunciado y procesado por corrupción, Víctor Bernal.
Las señales no son claras. La UNA queda fraccionada profundamente tras las elecciones en el Rectorado. Recuperar la confianza y la tranquilidad, reinstaurando la participación y la sensatez, debe ser la primera tarea y muestra de voluntad que se necesita, en este momento álgido, en la institución terciaria más antigua y prestigiosa del país.