06 may. 2026

Una fábrica de artesanía incursiona con Papas de arcilla como recuerdos

La visita del papa Francisco movió a los alfareros Giménez a innovar en la producción en arcilla con las imágenes del Pontífice, que ya se comercializan en los puestos artesanales de Caacupé y Areguá.

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Papas de arcilla

Por Luján Román

Tres cuadras de ripio, después de la ruta Areguá-Ypacaraí, se entran para llegar a la Santería San Miguel del barrio Santa Librada de Estanzuela, donde se yerguen varios Francisco de barro bajo la sombra.

Gracias a que un vecino francés les consiguió un molde de yeso directamente importado de Italia, los alfareros cuentan con un calco del Papa. El parecido es tanto que da para pensar que Francisco pasó antes por Areguá y lo llenaron de barro. “No hay otro igual, este es el original. Igualito sale. Es exclusivo de acá”, presume Ángela de Giménez.

La familia Giménez produce Francisco sobre pedido, pues lleva su tiempo hacer al Pontífice argentino. “No es meter y sacar nomás y todo listo”, dice y añade que como el Papa de carne y hueso está a un mes de arribar al país, la producción y las ventas se intensifican.

Vestido con la casaca de guaraní en el fondo de la pequeña alfarería, el joven Christian Cabrera de 18 años apura la creación de vírgenes. En una pausa, el chico toma la arcilla tobateña y el molde de yeso para dar forma al Papa de barro.

A menos de un metro del alfarero junior, una pila de papas cocinados y otros prontos a pasar por el horno decora la fábrica de religiosos. “Después de darle forma, se seca al sol y pasa al horno para endurecer la arcilla. Así nomás sin pasar por el horno no sirven para nada”, describe la alfarera al resumir la producción.

Habitualmente, el marido de Ángela, Eduardo Giménez, se encarga de la fabricación de Papas, porque tiene sus secretos. “Él está pagando todas sus culpas”, sonríe la mujer.

En la alfarería se celebra que haya mermado la lluvia caída hace semanas, porque eso dificultó mucho el mes de producción. “Desde que empezamos a hacer el Papa hace un mes atrás, empezó a llover un montón”.

La santería comercializa a G. 15.000 los Francisco de arcilla sin pintar a los artesanos del paseo central de Areguá que los vuelven a vender, ya sea como imagen o como velador. El Papa ya pintado de blanco, madera, dorado y flip color en los puestos históricos cuesta G. 50.000 y los veladores a G. 100.000.

"¿Esto tengo que bendicir después?, pregunta un potencial cliente. La alfarera sobre el pucho le responde como experta en la materia: “El Papa todavía no es santo, tiene que morir primero”. Y claro, hacer milagros...