Por Mario Rubén Álvarez | alva@uhora.com.py<br/><br/>Lo que se llama en forma rimbombante paraguayología como si se tratara de una ciencia – que, en realidad, no va mucho más allá de conclusiones sacadas de la observación de conductas reiteradas e intuiciones más o menos certeras– muestran a los oriundos de estos aires al menos con dos actitudes contrapuestas siempre a mano.<br/><br/> Los que son tímidos con los ojos en el suelo y la boca sellada en ocasiones, se vuelven osados y hasta temerarios en otros momentos. Y no es que hable– mos de los que se tornan locuaces y corajudos bajo los efectos del alcohol, lo cual es otro cantar. <br/><br/>A los muy tranquilos se les suele disparar de vez en cuando la adrenalina hasta el grado de quedar irreconocibles para propios y extraños. <br/><br/>Quienes no aparecen como muy inclinados al trabajo, emergen como insuperables laburadores cuando, por ejemplo, emigran a la Argentina o a España.<br/><br/> En estos días en que el pan de cada día es la noticia sobre la salud del presidente Fernando Lugo, hasta los menos bendecidos por las luces del entendimiento se han vuelto especialistas en cáncer (oncólogos), expertos en linfoma y grandes conocedores de células malignas que van devorando de manera inmisericorde a las ja′e chupe benignas.<br/><br/> El arandu ka′aty que a oleadas es tan cauto para lanzarse al karugua de lo que no conoce, en la última semana, salió de madre. Se desbocó, literalmente. Hasta los más silenciosos y reservados ensayan una explicación y, acto seguido, esbozan una hipótesis acerca del futuro del ex obispo. <br/><br/> Mientras los médicos teete, formados en la universidad, hacen esfuerzos para mantenerse en el circuito de la cautela esperando el resultado de los estudios laboratoriales, los médico chae – muchos de ellos empíricos de la charlatanería– hacen sus diagnósticos a ojos y oídos, basados en la tele y otros medios de información.<br/><br/> Acto seguido, pasan a las recetas, casi todas infalibles, según explican. Las pócimas van desde el poderoso caldo de kururu masificado por unas dulces hermanitas hasta el zumo de “sangre de grado” (sangre de drago, tal vez dragón, por el color morado oscuro del jugo de la corteza del árbol de ese nombre), capaz de obrar el milagro que – según dicen– no puede la “pohã botica”.<br/><br/>Los “politólogos” nacidos al calor del deseo generalizado de “aportar” a la materia en debate, tampoco se quedan atrás. Quemados por la fiebre de la hora, desempolvan sus mentes, dejan la mudez y se lanzan de cabeza a afirmar, vaticinar, augurar e interpretar libremente lo que el escenario les ofrece para ejercitarse sin compromiso alguno.<br/><br/>En la flora y fauna de los “comentaristas” no faltan los que no creen nada de lo que es hoy parte de la vida nacional. Consideran que es un nuevo capítulo de la bolaterapia que cada tanto asoma. Son de la estirpe de aquellos escépticos que hasta ahora dudan del descenso del hombre en la luna. <br/><br/>Tampoco están ausentes los ángeles exterminadores del Apocalipsis que afilan sus espadas a la par de sus lenguas para instalar una hermenéutica – interpretación– de los hechos. Se erigen en jueces para condenar o absolver, castigar o perdonar. <br/><br/> La calle, los cumpleaños, las radios, los yvyraguy, la esquina del barrio, el ñembo′e paha y las caminatas en el parque son los lugares por donde deambulan palabreríos de todos los calibres. <br/><br/> A la gente le preocupa la salud del Presidente, pero también la del país. Detrás del derrame verbal hay que ver casi un desesperado deseo de encontrar certezas donde no hay. Y, acaso, no puede haber.<br/><br/>