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“Un Viernes Santo le enterré a mi marido”

La represión de las Ligas Agrarias, en Misiones, conocida como la Pascua Dolorosa, es un recordatorio de la brutalidad de la dictadura.

44 años después de aquella Semana Santa, la familia de Silvano Ortellado no olvida detalle alguno. Aquel Miércoles Santo, había ido a vender el algodón de la comunidad, “al volver les compró helado a los niños, y hasta le trajo comida a su perro”, recuerda su viuda, Cristina Meza.

Según su relato, la policía llegó alrededor de las diez de la noche. “Mis seis hijos estaban adentro y las balas atravesaron la pared, después salió Silvano, y como a un animal le jugaron. Su sangre quedó por todos lados, la huella de sus dedos quedó por el timbó ese que se encuentra en la plaza. Lloré mucho… un Viernes Santo le enterré a mi marido”.

El Informe Verdad y Justicia señala, sobre los hechos de la Pascua Dolorosa, que Silvano Doroteo Ortellado Flores fue rodeado por un grupo de policías fuertemente armados al mando del comisario de la zona, Ernesto Segovia. Que fue herido y llevado a rastras a 40 metros del lugar, en donde lo ataron a un árbol y lo torturaron frente a sus familiares. Luego fue ejecutado por Ernesto Segovia y Tomás Salinas.

Desde la distancia que marcan las cuatro décadas transcurridas de aquella Semana Santa sangrienta, habrá quién se pregunte el porqué de la persecución a las Ligas Agrarias Cristianas, pero la viuda de Ortellado atisba una respuesta: “Lo que hacíamos en las Ligas era procurar formas para vivir mejor. Nos queríamos, nos ayudábamos. No les gustó que nosotros los pobres rojesape’a, no querían eso, y por eso decían de nosotros comunistas”.

Afirma que buscaban una vida mejor. “Buscamos algo que fuera mejor para nosotros, que éramos pobres. Y encontré que eran buenas las Ligas; nosotros no nos íbamos por la plata, trabajábamos en minga, después poníamos las cosas en común. Ahora ya no se hace eso. Mi esposo era muy trabajador. Con su tractor hacía huerta, no les cobraba nada a sus semejantes, abría el alambre y trabajaba porque deseaba el bien para todos”.

Memorial. El monolito recuerda a Silvano Ortellado, junto al árbol de timbó donde fue muerto un Miércoles Santo.
Memorial. El monolito recuerda a Silvano Ortellado, junto al árbol de timbó donde fue muerto un Miércoles Santo.
Memorial. El monolito recuerda a Silvano Ortellado, junto al árbol de timbó donde fue muerto un Miércoles Santo.

Después de la represión y la muerte de Silvano, doña Cristina estuvo detenida ilegalmente durante un año y nueve meses, en Abraham Cué y en la cárcel de Emboscada. Abraham Cué era un centro de detención, en las afueras de San Juan Bautista de las Misiones, en donde los campesinos pertenecientes a las Ligas Agrarias Cristianas eran llevados para ser torturados o ejecutados.

“Nos torturaban, nos pegaban con el tejuruguái, nos trataban de comunistas, campesino jare, no dormíamos porque escuchábamos como le torturaban a los compañeros. Hacía mucho frío, y apenas teníamos una sábana para taparnos. Cómo no nos morimos... mirá como es grande Ñandejára, que no termino de agradecerle que nos salvó”, dice Cristina. Cuando fue liberada, rememora, fue igual de difícil, porque los pyragues les seguían controlando. “Perdimos nuestras casas, todito nos sacaron. Llevaron todo. Nunca recuperamos nada, y ya nos estamos muriendo todos, de a poco…”.

Las Ligas Agrarias tenían escuelitas campesinas donde los niños aprendían en guaraní sobre sus propias realidades, y además trabajaban para la comunidad. Las Ligas Agrarias se iniciaron en 1962 con el apoyo de la Iglesia Católica y se fundaron con el espíritu de cooperación para la producción agrícola al tiempo que desarrollaban una conciencia crítica y de clase.

Desde los años 70 sufrieron persecución, pero fue en 1976 cuando la ola represiva les alcanzó de forma brutal, durante la gran represión que siguió al descubrimiento de la existencia de la OPM (Organización Política Militar, grupo clandestino conformado para resistir a la dictadura).

En el barrio Pablo VI en Santa Rosa, Misiones, en una pequeña plaza, un monolito recuerda al dirigente; junto a un enorme pindó, en el lugar exacto donde fue asesinado Silvano Ortellado Flores, frente a todos sus hijos, aquella noche de Miércoles Santo, el 15 de abril de 1976.




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