07 jul. 2026

Un pito legendario

Una de las profesiones –a la que también puede llamársele un hobby– y la que menos satisfacción suele acarrear es la de ser árbitro de fútbol. Es que suele haber un derrotado y sus jugadores, dirigentes y seguidores deben elegir la más fácil y absurda excusa de una mala actuación y encuentran casi siempre al árbitro como la mejor cabeza de turco. El réfere es la mejor coartada usada ante la inutilidad del equipo, sin olvidar que la mala suerte a veces se interpone para auxiliarle al árbitro. <br/><br/> Es muy difícil que todos estén de acuerdo con las decisiones de este sujeto que antes se vestía de luto y que ahora utiliza prendas con colores destacados, como para que no pase desapercibido y constituirse en más protagonista que los propios jugadores.<br/><br/> Hace unos años, cuando éramos menos y no teníamos los escándalos de paternidad irresponsables o embajadores fiesteros, había un árbitro que era amigo de todos. Juan Francisco Escobar. Árbitro de profesión e ingeniero agrónomo en sus ratos libres.<br/><br/> El haber participado en tantos torneos le concedió esa enorme dimensión de profesional del arbitraje. Egresó como árbitro en agosto de 1971, en 1981 se hizo internacional y desde enero de 1985 prendió en su pecho la insignia de FIFA. Portador de mil anécdotas, cantaba y tocaba la guitarra con lo que alegraba al grupo de amigos que siempre le rodeaba. Fui uno de los tantos. Lo llamábamos Pachamé o él se declaraba así porque argumentaba –sin solidez alguna– que aquel conocido futbolista argentino de la época de oro del Estudiantes de la Plata (1969–1971) tenía mucho parecido a su forma de jugar y ya con eso nos deleitaba a todos en la Facultad de Agronomía de San Lorenzo. <br/><br/>Lo llamábamos cariñosamente “Oso” y, afectuosamente, otros le decían “Aguacate”. Terminó la carrera de Agronomía a fines del año 1973.<br/><br/> Debutó en Primera División arbitrando excelentemente un Cerro Porteño 2–Libertad 1 en el 1974 y de ahí ya no paró. Dirigió en el torneo Juventud de América en 1985 y 91, en Rusia ese mismo mundial, el preolímpico Seúl 88, el Mundial de fútbol 5 en Holanda, en Copa América julio 91, las Olimpiadas de Barcelona, España en agosto 92, la Copa América en Guayaquil en julio del 93, entre 1983 al 92 dirigió encuentros entre las selecciones mayores de Argentina contra Chile, Uruguay y México en Buenos Aires, Brasil contra Chile y Alemania en Porto Alegre, arbitró eliminatorias mundiales entre Ecuador–Uruguay en Quito en el 85, Bolivia–Brasil en La Paz 93, Uruguay–Venezuela, Montevideo 93, numerosos encuentros de Copa Libertadores y en especial un inolvidable para él: Peñarol 1–Boca 2 en el Centenario. Nunca tampoco olvidó un partido que dirigió en Avellaneda por la Súper Copa entre Independiente y el Gremio de Porto Alegre el 12 de octubre de 1994 que fue su partido internacional número 100.<br/><br/> En mayo de 1994 fue contratado a dirigir una final paulista entre São Paulo y Palmeiras y 2 finales en Japón, Recopa Sudamericana entre Cruceiro–Colo Colo y São Paulo–Botafogo y 9 finales de la Libertadores. En 1992, junto al argentino Loustau, estuvieron entre los mejores árbitros del mundo. Se despidió del referato el miércoles 14 de agosto de 1994 con una final local entre Cerro 1–Olimpia 1 con un 10 absoluto. No podía arbitrar los partidos del Kelito porque era como yo, del River, y le tenía pánico a la numerosa hinchada del Kelito. Y hoy lo recuerdo a “Pacha” porque la APF, al festejar sus 103 años, hizo condecoraciones varias y hasta póstumas y a un árbitro que nada tengo en su contra pero que manejaba el banderín desde el costado de la cancha. <br/><br/> Juanfra falleció el 12 de diciembre de 2002, pero quedó entre nosotros porque su ejemplo de vida, su carisma y su pito de hazañas, de historia, de energía y de modelo comenzó a sonar intachablemente y para siempre.<br/><br/>