05 may. 2026

Un Paraíso rodeado de infiernos marginados

Libros

En Insurgentes y Quintana Roo hay un Niño con alas postizas que dice ser Jesús y predica no sé qué evangelio miserable en medio del tráfago de la ciudad. Nadie, aparentemente, lo escucha. Pero la desesperación que acecha a México empezará a darle la razón, comenzará a erigirlo en pequeño símbolo de una esperanza vana en un mundo corrompido por los miasmas del poder. De ese poder del cual forma parte principal Adán Gorozpe, el narrador de la última novela de Carlos Fuentes. Gorozpe fue en sus inicios, básicamente, un arribista y se asume como tal: se ha casado con Priscila Holguín gracias a ese recurso casi fortuito del hombre de clase media que quiere subir vertiginosamente de categoría social, lo que él mismo llama “braguetazo"; no tarda en ser dueño de varias empresas y de hacer crecer la miseria a su alrededor; se consigue una misteriosa amante, llamada Ele; se mezcla, aunque aparentemente no quiera, con la flor y nata del poder político más fascista de México. La única diferencia: Gorozpe es un hombre ilustrado, que muy bien puede contar que Thomas Mitchell ganó el Oscar al Mejor Actor en 1939 por su papel en La diligencia, una película basada en Bola de sebo, de Guy de Maupassant; así como hablar de las intríngulis del momento en los ambientes literarios más exclusivos del país.

Adán en Edén (2009) es una nouvelle que se deja leer rápidamente. Su ritmo está impuesto por el orgullo, la soberbia, el miedo y la paranoia de Adán Gorozpe, un hombre con los síntomas sociales típicos de su clase. No en vano las llamadas “villas miseria”, en la novela, fueron rebautizadas con el nombre de “gorozpevillas”, es decir, la riqueza en torno a la cual crece la pobreza de una ciudad, de un país. El Paraíso rodeado de miles de pequeños infiernos. Son los pobres de los que hay que temer, el narcotráfico y sus asesinatos, etcétera. Así también, Don Rodrigo Pola, un magnate de la TV (nunca falta en una novela mexicana que se precie), define, no sin cinismo, ese nuevo poder o contrapoder mexicano: “Ahora no vienen los revolucionarios. Vienen los criminales... los narcos... las pirujas que los acompañan... y, como siempre, los funcionarios con cuentas de origen inexplicable en Suiza...”.

Por su parte, otro Adán, este de apellido Góngora, se convierte en el principal enemigo de Gorozpe: además de ser el responsable de la Seguridad Policial de la ciudad y, como tal, de organizar incursiones dignas de las “camisas negras” paramilitares en las periferias pobres, al parecer es el amante de la esposa de Gorozpe. Góngora, sin embargo, le propone a su tocayo que se meta en política, ese territorio que no le había hecho falta pisar, subido a los millones de sus empresas. Y así le irá.

La novela no parece tener una unidad granítica, pero tampoco le hace falta. Eso sí: para un hombre de poco más de 80 años, como lo es Fuentes, este es un libro que respira juventud. Lo cual es un elogio.

BlasBrítez

Periodista

bbritez@uhora.com.py

Carlos Fuentes

Adán en Edén

Ed. Alfaguara

G. 89.000.