Opinión

Un Gobierno agotado

 Estela Ruiz Díaz @Estelaruizdiaz

Además del desafío de salir de la pandemia con menos impacto posible en términos de contagios y muertes, el desafío más difícil que tiene el Gobierno es enfrentar el escenario posapocalíptico del Covid-19.

Si bien hay bosquejos de cómo se va a reactivar la economía explicada repetidamente por el ministro de Hacienda, Benigno López, la incertidumbre sigue impregnando de miedo a una población que no solo teme al virus sino a la crisis económica que se profundiza revelando con mayor claridad su lado oscuro: Quiebra de miles de empresas, desempleo, debilidad del Estado para responder demandas imposibles y pocas esperanzas sobre el futuro.

En medio de esta espiral socioeconómica, el escenario político está enrarecido.

El presidente Mario Abdo Benítez perdió el 1 de julio la brillante oportunidad de mostrar un camino más seguro a los ciudadanos, o quizá más esperanzador. No pudo sustraerse al espejo retrovisor de agotar su discurso enumerando los logros de su gestión. Como sus antecesores, optó por la vía fácil citar en aburrida letanía números y hechos que sonaron vacíos en una coyuntura de emergencia sanitaria, económica y social. No se atrevió a desafiar al Poder Legislativo y al Poder Judicial para marchar juntos hacia una nueva normalidad, que no se agota en la reactivación económica sino en un acuerdo nacional sobre grandes temas.

El presidente parece no darse cuenta que su poder se debilita a medida que corren los plazos de su mandato. Hoy el Congreso ya no está tan dispuesto a apoyar su plan económico, como lo fue la Ley de Emergencia. Las escandalosas licitaciones en Salud fulminaron la escasa credibilidad en su administración, bajo eterna sospecha de corrupción.

MALESTAR. En Palacio hay preocupación por la marcha del Gobierno. El ala más crítica o realista ve que el timonel del barco apenas sigue la fuerza del viento sin rumbo definido. Lo ven vulnerable, inmovilizado, lo que da pie a murmullos sobre su futuro. “No lo van a echar, pero puede caer”, dijo un preocupado dirigente oficialista, quien agregó que si no da un golpe de timón colapsará por su propio peso.

En esta hipótesis algunos ya diseñan un nuevo gobierno de unidad nacional. Lo que sería una remake nefasta de la era González Macchi donde colorados y opositores cogobernaron en base a la repartija del Estado.

Es sabido que Marito defiende a sus colaboradores hasta el final. Tanto que irrita a quienes le aconsejan que sea más expeditivo cuando se dan hechos de corrupción. Recién cuando el escándalo alcanza ribetes extremos suelta la mano de los sospechados.

FURTIVOS ENCUENTROS. A sabiendas de su debilidad (no controla su propia bancada), se reúne con periodicidad con Horacio Cartes. Estos encuentros se dan en el contexto de la clandestinidad y se dan a conocer cuando uno de ellos decide filtrar la información como mensajes subliminales dirigidos a sus propios correligionarios. ¿De qué hablan?, ¿qué pactan?, ¿a cambio de qué? Son preguntas que surgen y no tienen respuestas. Solo acertijos en base a los intereses de cada uno.

“Hasta donde yo sé se está conversando sobre la gobernabilidad y de acompañar los proyectos buenos del Poder Ejecutivo. Vamos a seguir denunciando todo lo que está mal”, lanzó pistas el diputado Raúl Latorre, desmintiendo que en la agenda esté la jura de Cartes como senador.

Tanto en el cartismo como en el oficialismo hay sentimientos encontrados por estas citas furtivas. Aunque en Honor Colorado la obediencia debida es la característica, a muchos no gusta la Operación Cicatriz. En Añetete, los anticartistas no ven con buenos ojos porque sostienen que el costo de la gobernabilidad es muy alto porque debilita la imagen presidencial.

Cuando el Congreso trate la ley de reactivación económica se verá si Marito pudo convencer a Cartes de su plan, porque la oposición ya sentó postura en contra.

Ayer justamente, los presidentes de partidos políticos como PLRA, Frente Guasu, PDP y otros rechazaron el nuevo intento de endeudamiento, criticando la inadmisible baja ejecución en salud y las denuncias de corrupción en las compras públicas de insumos médicos. “No más deudas para alimentar la corrupción”.

El 1 de julio Mario Abdo perdió la oportunidad de dar un mensaje claro al país sobre el difícil futuro que se viene finalizada la pandemia. Tampoco comprometió a sectores eternamente privilegiados a colaborar para enfrentar esta difícil coyuntura. Le resta otra fecha emblemática para dar señales fuertes y claras: El 15 de agosto, tiempo en la que se evalúa su gestión y la labor de los ministros. ¿Seguirá el Presidente gobernando con el mismo equipo agotado y anodino en el tramo más difícil de su mandato?

Con una ciudadanía más crítica, demandante e impaciente, una oposición que dejó de ser su aliada para confrontarlo más directamente, una bancada indisciplinada, un gabinete que opera para sus propios intereses antes que el Gobierno, ¿se arriesgará Marito a poner en una sola canasta (HC) todo su futuro político?

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