Por Roberto Gómez Palacios
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Banderas paraguayas y del club Olimpia y pañuelos blancos que ondeaban al viento. Había cientos de personas apostadas en la acera de la avenida Mariscal López para expresar su adiós al cantante Marco de Brix, mientras su féretro era trasladado del salón Memorial hasta el Cementerio de la Recoleta.
La soleada mañana de ayer propició el último aplauso a uno de los intérpretes más carismáticos de la República. Había fallecido el domingo a las 8.20 a causa de un aneurisma disecante de la aorta descendente.
Oficinistas, estudiantes, trabajadores de diversas empresas, deportistas y demás saludaron a la caravana que trasportaba a dolidos familiares y amigos, además de 89 coronas de flores.
La barra brava de su querido club lo esperaba a la puerta del cementerio, con sombrillas franjeadas con bombos que no sonaron hasta que terminaron los discursos ante el panteón de la familia De Brix.
Allí reposan sus restos, junto a los de su padre César y su hermano Carlos, quienes fallecieron del mismo problema cardiovascular.
EMOTIVIDAD. Ante el féretro, sus amigos y colegas entonaban con voz llorosa la canción Mi oración azul.
Nadie podía contener las lágrimas. Sonaban más canciones, vítores a Marcos, mientras el sol iba perdiéndose tras negros nubarrones, y los árboles de pino parecían abrir sus brazos al cantante tras una pequeña ventisca.
“Hemos venido tus compañeros de ruta para darte este postrero adiós. Marco, has hecho un culto de la amistad y nunca jamás te olvidaremos”, fue en parte el discurso de Alberto de Luque.
Personalidades de la esfera cultural, política y social fueron parte de la despedida. La emoción creció luego de que Alberto cantara Sapo cancionero, uno de los temas más significativos de Marco, que fue coreado por cientos de personas en el camposanto.
“Marquito es una leyenda del mundo cultural. Seguro estoy de que la música paraguaya está despidiendo a un artista versátil. ¿Por qué no decir que ciudadanos como Marquito necesita el país? Él era el amigo de Asunción”, dijo Alcides Roa, titular de Autores Paraguayos Asociados, APA.
A cada discurso se encendían los aplausos. Lizza Bogado -con quien grabó Un cielo de ñandutíes- no estuvo en el sepelio, pero sus palabras fueron pronunciadas por Marlene Sosa Lugo a través de una carta.
“Hasta pronto hermano del alma. Te conocí de niño allá en tu casa de Sajonia, cuando explotábamos bombitas. Jamás olvidaré tus travesuras. Qué lindo fue trabajar contigo Marco de Brix; no me equivoco al decir que sos la mejor voz que tiene el Paraguay”, decía Lizza desde México.
MOMENTOS FINALES. Siguieron los discursos, algunos desaprobados en parte como el pronunciado por el senador Calé Galaverna, y otros que evocaban gratitud por los gratos momentos otorgados en vida.
Alumnos representantes del Colegio Nacional de la Capital (CNC), institución donde cursó sus estudios secundarios, llevaron su adhesión musical.
Lo recordaron como un gran profesor, como un padre, como un gran amigo que los enseñó a amar el arte.
“Desde hoy la Academia de Arte se llama Marco de Brix”, dijo un alumno al momento de colocar una insignia del CNC encima del ataúd.
Una bandera del Olimpia fue depositada sobre él, poco antes de que sus restos ingresaran al panteón.
Kike Krona comenzó a entonar Cuando un amigo se va, y luego, al ritmo de la canción del club, y de gritos como "¡Marco es de Olimpia y Olimpia no se va!” y "¡Marco, querido, la barra está contigo!”, fueron las últimas palabras.
Marco abandonó el mundo a los 45 años de edad, con varios logros a nivel musical.