Por Andrés Colmán Gutiérrez | andres@uhora.com.py
La enorme cantera de roca basáltica se abre como un profundo precipicio en toda la ladera de un cerro, en la compañía coronel Roberto Cubas, a unos 6 kilómetros del centro urbano de Paso Yobai.
Al fondo de la hondonada, un grupo de obreros rompen la piedra a golpes de martilletes, sin cascos ni guantes protectores. La que extraen no es piedra común, sino basalto cubierto de finos puntos dorados que brillan bajo el sol: el anhelado metal que produjo guerras y conquistas a lo largo de la historia. Oro.
“Vengan, pasen... les voy a mostrar todo. ¿Para qué vamos a esconder? Aquí estamos trabajando como paraguayos sacrificados, no estamos robando”, dice Óscar Chávez, concejal departamental de Guairá, prominente caudillo colorado en la región, quien fue el primer intendente electo de Paso Yobai y es además padre del actual intendente, Édgar Chávez.
Hasta entonces, la versión de que una de las más grandes minas ilegales de oro pertenecía a un concejal departamental e influyente político era solamente eso: una versión no confirmada. Pero el propio intendente Édgar Chávez hizo posible que los periodistas podamos entrevistarnos con su padre.
INFORMALIDAD. Chávez está asociado con otros siete empresarios mineros, que incluyen a Delfino Acosta, el propietario de las 10 hectáreas de terreno donde está asentada la mina informal, y que actualmente es presidente de la Asociación de Propietarios y Mineros de Paso Yobai.
En total son 12 propietarios que explotan oro dentro de la superficie concesionada a la empresa canadiense Latin American Minerals Paraguay (Lampa), pero los dueños del terreno no le permiten a la empresa concesionaria trabajar en su propiedad y prefieren ser ellos quienes exploten el oro, aunque no tengan la licencia legal para hacerlo.
“Sí, es cierto, entendemos bien que somos informales, pero somos paraguayos, estamos en nuestra tierra y no podemos dejar que una empresa extranjera se lleve toda nuestra riqueza. Se ha modificado la Ley de Minas y estamos tratando de que los pequeños mineros también podamos tener respaldo legal para seguir trabajando, aunque el Gobierno no nos ayuda para regularizar la situación”, explica Chávez.
SALVACIÓN. Óscar Chávez trae un pedazo de roca y muestra los destellos dorados que salpican la superficie.
"¿Ven...? Esto es el oro, es lo que salvó a la gente de Paso Yobai. Gracias a que descubrimos que teníamos esta riqueza, aquí la gente no sale a robar, ni se va a España o a la Argentina; tiene para dar de comer y hacer estudiar a su familia. Esto le dio vida a nuestro pueblo. No podemos dejar que nos quiten”, alega el concejal.
Insiste en que ellos no quieren permanecer como informales e ilegales, pero el Gobierno no ayuda a regularizar la situación, solo quieren favorecer a la empresa extranjera Lampa, y que ellos trabajen como empleados de una multinacional.
“En Paso Yobai hay 300 personas trabajando directamente en la explotación del oro, multiplicás por 4 y son 1.200 personas comiendo de esto. Es una cuestión social. Dicen que ya no somos pequeños mineros artesanales, y es cierto, pero tenemos que meter retroexcavadoras y romper la piedra con martilletes; solo así podemos sacar el oro”, defiende.
MERCURIO. Ante las denuncias de contaminación de los cursos de agua, Chávez explica que en las minas no se usa mercurio, sino en los molinos, para la limpieza final del oro.
“Estamos tratando de que se cuide eso. Muchos molineros ya aprendimos, pero hay todavía personas inescrupulosas que usan mal el mercurio y ponen en peligro la salud de toda la población. No queremos eso y vamos a tratar de combatir, pero queremos seguir trabajando”, insiste el concejal Chávez.