Opinión

Uber y la implacable tecnología

Miguel Benítez – TW@maikbenz

La tecnología te transforma o te extingue. Que lo cuenten la industria de la música, de la fotografía, la del entretenimiento audiovisual y la misma prensa. No es novedad que cientos de negocios se vieron afectados por los avances tecnológicos, para bien o para mal, a lo largo del tiempo. Y esta no es solo una epidemia del siglo XXI.

La Revolución Industrial, acontecida hace más de 200 años, supuso el fin de los trabajos manuales y de la utilización de la tracción animal, los cuales fueron reemplazados por las máquinas automatizadas. Lo que pudo haber sido perjudicial para algunas personas, para otras significó una verdadera mejora en sus finanzas. Según el economista estadounidense Robert Lucas (Premio Nobel en 1995), desde el año 1800 la renta per cápita se multiplicó como nunca antes en la historia y la población experimentó un crecimiento económico sostenido, sin parangón.

Por supuesto, internet ha llevado esa transformación a plazos mucho más cortos y, sobre todo, más globales y visibles. Pero, sin duda, lo que el ciberespacio ha logrado es darles poder a las personas para encontrarse y solucionar sus propios problemas, sin esperar la ayuda de sectores corporativos convencionales o gubernamentales, los cuales se mueven por su propio interés.

Uber no es más que un producto creado por y para los ciudadanos que vieron un sistema de transporte deficiente y anacrónico, a lo que se suma un parque automotor saturado. Lo irónico es que esta aplicación funciona en países que tienen metros, trenes y ferris. No solo taxis y buses.

Optimizar el uso de vehículos al poder sacar coches de la calle (menos contaminación y menos atasco); ofrecer tarifas hasta 50% más bajas y la posibilidad de que cualquier persona, que reúna los requisitos, sea conductor para obtener ingresos (recordemos que los choferes serán paraguayos), no parecen hechos tan negativos. Además, la plataforma permite la regulación social, dado que los usuarios califican a los conductores y comentan sus vivencias al utilizar Uber.

PRESIÓN. El problema del software, así como sucedió con Easy Taxi, radica en que toca los nervios de un sector históricamente propietario de las calles, que por costumbre y falta de competencia se ha dejado estar, en detrimento de sus consumidores. Docenas de quejas se recibieron esta semana, de clientes que sufrieron el abuso tarifario en un taxi o experimentaron un viaje bastante incómodo. Obviamente, no todos los taxistas son malos y no se puede, ni se debe, generalizar. Existen profesionales dedicados que mantienen sus autos en buenas condiciones y brindan un servicio óptimo. Estas aplicaciones pueden otorgarles beneficios.

Afirmar que Uber operará en negro y no va a pagar impuestos, no es un argumento muy sólido de parte del enjambre amarillo. Aún muchos trabajadores del volante evitan dar factura. De acuerdo con la SET, se tienen 2.496 taxistas inscriptos en el RUC a diciembre de 2017. En todo el año pasado, el Fisco solo recaudó G. 27 millones por IVA, de este sector. Que las nuevas plataformas y servicios tributen, a más de estar alcanzados por otras regulaciones para garantizar su transparencia, depende de nuestras autoridades.

La competencia, si es leal, siempre será buena, puesto que impulsa a mejorar los servicios en favor de los usuarios. Además, se debe recordar que el interés general está por encima de los intereses particulares o sectarios.

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