27 feb. 2024

Transformaciones

Es tanto lo que debemos transformar en este país, que un espacio reducido como este no va a alcanzar. Sin embargo, se puede intentar una lista que siempre será incompleta

En primer lugar, pondría a la educación. Tenemos que transformar la educación, pero de verdad y de una vez por todas.

Necesitamos una educación pública de calidad, que este al alcance de todos, lo que en realidad equivale a decir que se tiene que cumplir algo muy básico que está en la Constitución Nacional en su artículo 76, donde dice claramente que es una obligación del Estado garantizar la educación escolar básica, y que las escuelas públicas tendrán carácter gratuito.

De paso sería fantástico que el Estado cumpliera ese mandato que dice que debe fomentar la enseñanza media, técnica, agropecuaria, industrial y la superior o universitaria, así como la investigación científica y tecnológica.

Gratuita dice, claramente. Y no menciona para nada pequeños y medianos montos que van agregando las instituciones a su gusto nomás: La tal comisión o la copia del certificado de estudios; tampoco gastos de uniforme y útiles y etc. Y ya que estamos sería muy bueno que las escuelas públicas tuvieran la infraestructura necesaria; con todo eso que hoy se considera un lujo: Techos seguros que no se caigan, paredes que no se derrumben, aulas limpias, frescas y bien iluminadas, bibliotecas, laboratorios, y espacios adecuados para la práctica de los deportes.

Los niños, adolescentes y jóvenes podrían practicar deportes, podrían hacer música, aprender inglés desde el jardín de infantes, optar por becas, tener maestros y profesores con una excelente formación y bien motivados y pagados. Una educación para todos, y ya que estamos pidamos una utopía: Que la educación pública sea tan, pero tan buena que el hijo de un obrero comparta el aula con el hijo del director de Itaipú, y que ambos tengan iguales oportunidades.

Otro tema, la provisión de desayuno y merienda escolar ya no serán necesarios porque en ese país ideal que imagino vamos a tener gobiernos que van a considerar un insulto que haya paraguayos y paraguayas que vayan a dormir con hambre. Y resulta más que evidente que, con una educación pública excelente, nuestra clase política va a mejorar, –con el tiempo, dentro de unos cuantos eones– pero va a ser la mejor, la que nos merecemos.

Trasporte Público. Y ya que estamos con la reivindicación de lo público, hablemos ahora de la también necesaria transformación del sistema de transporte.

Para empezar, de manera urgente necesitamos un sistema de transporte. Lo que tenemos ahora es apenas la concesión de itinerarios a los empresarios amigos del poder.

En ese sistema que estará bien planificado, y que ahora no existe, los choferes van a ser profesionales, gente con un buen salario y buenas condiciones de trabajo, y no esos seres estresados y tan mala onda que corren carreras por la urgencia de completar sus “redondos”, y con el complejo Toretto.

Actualmente, si uno sufre de vértigo, ansiedad o alguna enfermedad coronaria, debe evitar los ómnibus, porque estos te dan cada susto cuando vuelan bajo por Eusebio Ayala, por ejemplo. Claro que si sos pobre no te va a quedar más que usar el transporte público actual y, encomendarte a la virgen de Caacupé y a Chiquitunga.

Un temita que agregaría a ese nuevo sistema de transporte público es que tendrán que desaparecer los molinetes, pues la Constitución es bastante clara al respecto cuando dice que “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.

Otra cosa, ¿se acuerdan de que con la educación pública de calidad también mejoraría la calidad de la clase política? Bueno, pues en ese país transformado, ningún presidente nos robaría la posibilidad de disfrutar de un eficiente Metrobús.

Más contenido de esta sección
El mandatario decidió crear el fondo nacional de alimentación escolar esperando un apoyo total, pues quién se animaría a rechazar un plato de comida para el 100% de los niños escolarizados en el país durante todo el año.
Un gran alivio produjo en los usuarios la noticia de la rescisión del contrato con la empresa Parxin y que inmediatamente se iniciaría el proceso de término de la concesión del estacionamiento tarifado en la ciudad de Asunción. La suspensión no debe ser un elemento de distracción, que nos lleve a olvidar la vergonzosa improvisación con la que se administra la capital; así como tampoco el hecho de que la administración municipal carece de un plan para resolver el tránsito y para dar alternativas de movilidad para la ciudadanía.
Sin educación no habrá un Paraguay con desarrollo, bienestar e igualdad. Por esto, cuando se reclama y exige transparencia absoluta en la gestión de los recursos para la educación, como es el caso de los fondos que provienen de la compensación por la cesión de energía de Itaipú, se trata de una legítima preocupación. Después de más de una década los resultados de la administración del Fonacide son negativos, así como también resalta en esta línea la falta de confianza de la ciudadanía respecto a la gestión de los millonarios recursos.
En el Paraguay, pareciera que los tribunales de sentencia tienen prohibido absolver a los acusados, por lo menos en algunos casos mediáticos. Y, si acaso algunos jueces tienen la osadía de hacerlo, la misma Corte Suprema los manda al frezzer, sacándolos de los juicios más sonados.
Con la impunidad de siempre, de toda la vida, el senador colorado en situación de retiro, Kalé Galaverna dijo el otro día: “Si los políticos no conseguimos cargos para familiares o amigos, somos considerados inútiles. En mi vida política, he conseguido unos cinco mil a seis mil cargos en el Estado...”. El político había justificado así la cuestión del nepotismo, el tema del momento.
A poco más de dos semanas del inicio de las clases en las instituciones educativas oficiales, nos encontramos frente a un desolador y conocido panorama: el abandono de las escuelas públicas. En un rápido recorrido de UH por algunos establecimientos se comprueban pisos hundidos, techos con goteras, letrinas en vez de baños, sin acceso a energía eléctrica o agua potable. Ese es precisamente el estado de la educación pública en el Paraguay, un país desigual que les niega las mínimas oportunidades a sus niños y jóvenes.