El papa Francisco admitió ayer que teme el derramamiento de sangre en Venezuela y que le aterra la violencia que podría desatarse por la crisis política en ese país sudamericano, en declaraciones a bordo del avión que lo condujo de Panamá a Roma.
“¿Qué es lo que me asusta? El derramamiento de sangre”, aseguró ante los cerca de 70 periodistas que lo acompañaban. El Pontífice reiteró que desea una solución justa y pacífica y reconoció que no se pronunciaba sobre lo que hay que hacer porque “sería una imprudencia pastoral de mi parte y haría daño”, dijo.
“Tengo que ser equilibrado. No me gusta la palabra equilibrado. Tengo que ser pastor. Y si necesitan ayuda, de común acuerdo, que la pidan. Eso sí”, recalcó abriendo la posibilidad de una suerte de mediación. “Si yo entrara a decir hagan caso a estos países o a estos otros, me metería en un rol que no conozco, sería una imprudencia pastoral de mi parte y haría daño”, subrayó.
Francisco confesó que consideró mucho las declaraciones hechas cuando rompió el silencio sobre Venezuela durante su estadía en Panamá.
ULTIMÁTUM Y PROTESTAS. El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, enfrentará esta semana una nueva arremetida del opositor Juan Guaidó, autoproclamado mandatario interino que convocó a nuevas manifestaciones, mientras corre el plazo de ocho días que le dieron países europeos para que acepte unas elecciones libres. Alentado también por un decidido apoyo de EEUU, Guaidó llamó a una movilización el miércoles para exigir que la Fuerza Armada retire su apoyo a Maduro, y el sábado a una gran marcha de respaldo al ultimátum europeo.
Francia, Alemania, Reino Unido, Holanda y Portugal dieron plazo a Maduro hasta el próximo domingo para que convoque a comicios o de lo contrario reconocerían a Guaidó, jefe del Parlamento de mayoría opositora, como presidente interino de Venezuela. Más vaga, la Unión Europea (UE), como bloque, dijo que tomaría “nuevas medidas” si no se convocan comicios en los próximos días, incluido el apoyo al opositor.