Temer recibió en el Palacio presidencial de Planalto a unos 150 empresarios de todos los sectores productivos junto a su ministro de Hacienda, Henrique Meirelles, “arquitecto” de todo el plan económico del Gobierno interino.
El presidente interino insistió en que, además de adoptar “todas las medidas necesarias” para recobrar la confianza de la empresa privada y del conjunto de la sociedad, es preciso “reunificar a los brasileños” en torno a una agenda que tenga como principal objetivo la recuperación del crecimiento económico.
A su turno, Meirelles hizo un análisis de la actual situación, que consideró la “crisis más grave” que Brasil enfrenta en décadas y atribuyó a “errores” cometidos en los últimos años.
“Es fundamental restaurar la salud de las finanzas públicas”, sostuvo Meirelles, quien destacó las medidas adoptadas hasta ahora por el nuevo Gobierno, que apuntan a recortar el gasto, promover la inversión privada y “sobre todo, restaurar la confianza”.
En su gran mayoría, los empresarios congregados por Temer dieron un explícito apoyo al proceso que llevó al Senado a suspender de sus funciones a la presidenta Dilma Rousseff, quien responde a un juicio político que puede acabar con su destitución.
Uno de ellos fue el presidente de la influyente Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (Fiesp), Paulo Skaf, quien tomó la palabra en nombre de los empresarios y planteó cinco puntos que consideró fundamentales para la recuperación económica del país.
Skaf comenzó por una reducción o al menos no aumento de la carga tributaria y siguió demandando una caída de las tasas de interés, un mayor estímulo al crédito, la implantación de un vasto programa de concesiones al sector privado y apoyo a la actividad exportadora.
“Tenemos muchos otros problemas, pero estamos hablando de medidas de emergencia para recuperar la confianza y destrabar la inversión”, indicó el presidente de la Fiesp.
Según Skaf, “si la inversión funciona, funciona la rueda de la economía” y la empresa privada está dispuesta a que “una vez que se recupere la confianza, acelerar al máximo las inversiones”.
También pidió que se desvinculen las crisis política y económica, a fin de evitar que se “alimenten” entre ellas, como ha ocurrido en los últimos meses.
“Hay unos 200 millones de brasileños que no tienen nada que ver con la crisis política” y sólo quieren “la retomada del crecimiento económico y la recuperación del empleo”, declaró.
La inquietud de Skaf fue respondida por el secretario ejecutivo para las inversiones, Wellington Moreira Franco, quien admitió que “el momento político del país trae alguna inseguridad institucional, pues hay un presidente en ejercicio y otro suspendido”, lo cual “genera una situación extraña” que “causa problemas”.
Moreira Franco indicó que, como consecuencia de ese “problema”, el Gobierno decidió suspender una licitación en el área de puertos que estaba prevista para el próximo viernes.
“Mientras esa situación institucional no esté resuelta, habrá miedo para arriesgar dinero” en Brasil, indicó el secretario, quien apuntó que “lamentablemente será necesario convivir con eso hasta que el problema se resuelva”.
Aludió así a la definición del juicio político al que responde Rousseff, que está prevista para mediados de agosto próximo.
Si la mandataria finalmente es destituida, Temer completará el mandato que vence el 1 de enero de 2019, pero si fuera absuelta, deberá recuperar el poder una vez publicada la sentencia.