Economía

Somos caros

 

Económicamente tenemos la tormenta perfecta sobre Paraguay, así como la onda de calor que nos abraza en estos días. Y no todo es culpa nuestra o del Gobierno. Son las circunstancias, buscar un culpable no las cambiará.

Durante décadas la circunstancial estrategia de Paraguay fue ser el país más barato de la región, más abierto a exportar legal o ilegalmente cualquier cosa a todos los vecinos. El éxito era sostenido por las severas barreras aduaneras de los vecinos, de la pesada carga tributaria de estos, de la industrialización básica que tenían donde cualquier cosa que importábamos del hemisferio Norte era una novedad para nuestro vecindario. Esto ya terminó por cambios importantes que permanecerán.

Hoy Paraguay dejó de ser barato, es más bien caro! Argentina megadevaluada se convirtió en el país más accesible, redireccionando el flujo de bienes de ellos a nosotros como alcancen a entrar en Paraguay. Para los brasileros es caro comprar en Paraguay porque la oferta en Brasil de ítems electrónicos ya no tienen impuestos, y las compras en Paraguay no son deducibles de impuestos en Brasil, un país con un sistema tributario computarizado implacable donde todos necesitan de facturas.

Hay todavía reducida capacidad, pues los que algo entienden ganan salarios que no condicen con su productividad. Los emprendimientos que desembarcan, ante la necesidad de encontrar ejecutivos, terminan importando personal gerencial, pagando a estos más de lo que ganaban en su país de origen y más de lo que percibe un paraguayo. Somos el país más estable monetariamente, pero eso es caro cuando todos devalúan. No tenemos un mercado interno importante que permita a la industria local llegar a economías de escala para abaratar su producción. El secreto a voces es que con el “miedo” de Gafilat, la presión de legalizar todo de la noche a la mañana ha frenado una significativa parte de la economía.

Las consecuencias ya se pueden medir: En los primeros 10 meses del 2019 la recaudación de aduanas cayó al 3,8% en guaraníes y 11% en dólares, en relación al mismo periodo del 2018.

Para salir de esta situación, los cambios deben de ser estructurales y de largo plazo, buscando atraer inversiones extranjeras principalmente de menor porte. Los grandes inversionistas están muy asustados con el violento conflicto social de la región, la izquierda está retomando espacios de poder, el aumento del populismo, etc. Hay condicionamientos económicos a tener en cuenta como: (i) el capital es cobarde; (ii) el capital que huye más rápidamente es el grande; (iii) la mayor cantidad de empleo lo proporcionan las Pymes, no las prestigiosas corporaciones.

La fórmula es simple, facilitarle la vida al pequeño emprendedor y/o inversionista. Tomemos un ejemplo elemental: En 1990 los EEUU inventaron la Visa “EB-5”, que permite a un inversionista que aporta al menos US$ 500,000, obtener la residencia temporaria a él y a sus familiares. Nosotros no exigimos visa, pero le complicamos bastante el ingreso al pequeño inversionista o al profesional calificado extranjero.

Las acciones son sencillas, como flexibilizar el ingreso al sistema financiero permitiendo la apertura de una cuenta bancaria, usando el documento de identidad del país de origen. Facilitar los trámites de radicación, que hoy son un suelo más que fértil para sobornos y chantajes de todo tipo. Simplificar la apertura de pequeñas empresas en todo lo concerniente a permisos, habilitaciones, licencias y cuantas palabras y papelitos inútiles se haya inventado nuestra creativa burocracia.

Venir a Paraguay a invertir o a radicarse –siendo una persona calificada intelectual o económicamente– debe ser rápido y placentero como venir de turista. Ahora estamos obligados a crecer desde nuestro mercado interno, ya que somos caros para el exterior. El desafío apunta directamente a nuestro desarrollo, exponencial e inclusivo.

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