08 abr. 2026

Singularizar al ciudadano

Por Sergio Cáceres Mercado - caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

Los politólogos diferencian, por un lado, una democracia gobernada de una democracia gobernante. En la primera, “la participación popular tiene reservado un papel secundario y básicamente defensivo: de manera periódica, la ley convoca al pueblo para que decida cuál de las minorías potencialmente dirigentes debe gobernarlo; y, una vez cumplido este acto, lo disuelve como tal”. Así nos lo explica el argentino José Num, quien para la democracia gobernante dice lo siguiente: “Busca maximizar la participación directa del pueblo en la formulación de políticas y en la toma de decisiones y no exclusivamente en la elección de quienes van a tener a su cargo estas tareas”.

Cae de maduro que el régimen donde tiene preponderancia el ciudadano modelo es la democracia gobernante. Lo que la educación debe perseguir es formar individuos con criticidad y responsabilidad social que puedan convivir en un régimen que exigirá de ellos participación plena y no simplemente el automatismo del voto. Pero, ¿cómo puede la educación construir tal ciudadano?

Para nuestro caso, el filósofo brasileño Silvio Gallo nos recuerda la diferenciación entre el proceso de subjetivación y singularización, realizada por su colega Felix Guattari, lo que aplica al ideal de educación formadora del ciudadano que estamos persiguiendo. “Por subjetivación entendemos los procesos capitalistas de producción de subjetividades en masa, individuos normalizados, jerarquizados, sometidos. Por singularización, entendemos los procesos de constitución de subjetividades autónomas, creativas”, consigna.

Vemos entonces que lo que buscamos son singulares, no sujetos. Aquellos son autónomos, estos sometidos. La educación formadora de ciudadanos debe romper con la subjetivación; la escuela o el colegio deben romper el molde robotizante que otras instituciones imponen.

“Una educación volcada a la legitimización del status quo, hacia la subjetivación, esto es, para la constitución de individuos incapaces de pensar y decidir por sí mismos, más presos en las redes de una tela social que dicta lo que debe ser deseado, pensado, consumido, etc., lleva a la formación de autómatas sociales, de ciudadanos pasivos que no ejercitan esa condición humana básica cual es la de, tomando pare de una comunidad, ser el constructor de la propia comunidad. Por otro lado, una educación volcada a la singularización, para la constitución de individuos libres, esto es, creativos y autónomos, es a lo que puede contribuir para la construcción de ciudadanos activos, que de hecho tomen en sus manos los destinos de sus vidas y de su comunidad.”, indica Gallo.

Tarea titánica nada menos. Este proceso singularizador que se espera de la educación la debe efectuar contra poderes que aparentan ser invencibles y, entre los cuales, contábamos en primer lugar a los propios padres. En tiempos donde están fuertemente establecidos mecanismos de reproducción pasiva, de subjetivación, pedimos a la educación que nos ayude a no crear simples ovejas, sino ciudadanos con todas las de la ley.