07 ene. 2026

Si todos fueran como Morán

Por Gustavo Ortiz G.
gusortiz@uhora.com.py
Una agradable sorpresa, casi inaudita por no conocerse muchos casos similares en el país, dio a la ciudadanía la revelación hecha días atrás por el funcionario municipal Carlos Morán: No aceptó ser sobornado por quienes explotaban un lupanar clandestino que funcionaba bajo el nombre de hotel, en las cercanías de la terminal de autobuses de Asunción.
En el Paraguay es costumbre de muchos funcionarios –de los tres poderes del Estado– no solo aceptar coimas, sino que pedirlas directamente, so pena de denunciar, recién ahí, el hecho ilegal o anómalo que está observando. Otros también solicitan su dinerito extra para hacer un trámite que de hecho le corresponde realizar y para lo cual ya recibe un salario o dieta emanado del erario.
Son muy pocos en este territorio los casos documentados acerca de la percepción de sobornos, pero no obstante, revelan la facilidad con que actúan empleados del Estado o autoridades para enriquecerse ilícitamente, en perjuicio de la sociedad nacional.
Todo el país había visto por televisión cuando el senador Amado Yambay era capturado por la Fiscalía y la Policía, acusado de recibir una millonaria suma, que era –según la denuncia– para que el parlamentario ayude a agilizar el pago por una expropiación de tierra.
El próximo 3 de febrero se cumplirán tres años de aquel hecho, pero todavía está fresca la imagen televisiva del legislador que se bañaba en sudor –tal vez producto del susto– al saber que fue filmado y estaba siendo detenido. Su argumento fue que estaba cobrando por un préstamo que otorgó al dueño del predio expropiado.
Yambay es oriundo de Caraguatay, hizo la primaria en la escuela Alfonso Tranquera, es ganadero y esta es la tercera vez que ejerce la función de senador por la ANR, y sea cual sea la verdad en el suceso que lo involucra (permitiéndonos el derecho a no creer en su argumento), el hecho con el cual se hizo famoso contrasta radicalmente con el que hizo que conociéramos a Carlos Morán, el ejemplar empleado comunal.
El funcionario municipal que prefirió rechazar el soborno de G. 400.000 mensuales por cuatro años y mantener la frente alta, es un ejemplo en quien deben mirarse no solo los demás trabajadores y/o autoridades de las instituciones estatales, sino que incluso todas las demás personas de todos los ámbitos.
Si alguien que percibe un salario de G. 2,1 millones como Morán mantiene su honestidad, ¿por qué no ha de poder hacerlo uno que gana G. 18 millones o 4 millones, o menos?
Uno de los más graves problemas que tiene la administración pública en el Paraguay es que existen demasiados empleados venales. Si más de ellos fueran como Carlos Morán, el país podrá tener un mejor concepto de parte de la comunidad internacional y de los propios connacionales. Esperemos que algún día sea así.