06 oct 2026

Ser justo

La palabra del Señor es sincera y todas sus acciones son leales; Él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

La fe nos urge porque es grande la necesidad de justicia que existe en el mundo. “Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas que son santas, porque vienen de Dios, tratadas como simples cosas, como números de una estadística.

Comprendo y comparto esa impaciencia, que me impulsa a mirar a Cristo, que continúa invitándonos a que pongamos en práctica ese mandamiento nuevo del amor. “Todas las situaciones por las que atraviesa nuestra vida nos traen un mensaje divino, nos piden una respuesta de amor, de entrega a los demás”.

El cristiano se esfuerza en remediar lo injusto por amor a Jesucristo y a sus hermanos los hombres. El justo, en el pleno sentido de la palabra, es aquel que va dejando a su paso amor y alegría y no transige con la injusticia allí donde la encuentra, ordinariamente en el ámbito en el que se desarrolla su vida: en la familia, en su empresa, en el municipio donde tiene su hogar...

Si hacemos examen, es posible que encontremos injusticias que remediar: juicios precipitados contra personas o instituciones, rendimiento en el trabajo, trato injusto a otras personas...

El papa Francisco durante el Quinto Domingo de Pascua celebrado el 28.04.2013 dijo: ”En la segunda lectura hemos escuchado la hermosa visión de San Juan, “un cielo nuevo y una tierra nueva” y después la ciudad santa que desciende de Dios. Todo es nuevo transformado en bien, en belleza en verdad. No hay ya lamento, luto.

Esta es la acción del Espíritu Santo, nos trae la novedad de Dios, viene a nosotros y hace nuevas todas las cosas, nos cambia, el Espíritu nos cambia. Y la visión de Juan nos recuerda que estamos todos en camino hacia la Jerusalén del cielo, la novedad definitiva para nosotros y para toda la realidad. El día feliz en el que podremos ver el rostro del Señor, el rostro bello del Señor Jesús, podremos estar con Él para siempre en su amor.

La novedad de Dios no se asemeja a las novedades mundanas que son provisorias, pasan y siempre se busca algo más. La novedad que Dios ofrece en nuestra vida es definitiva y no solo en el futuro cuando estaremos con Él, sino también hoy. Dios está haciendo todo nuevo, el Espíritu Santo está haciendo todo nuevo, nos quiere transformar, contando con nosotros, el mundo en que vivimos.

Abrámosle la puerta, dejemos que Él nos guíe, dejemos que la acción de Dios nos haga hombres y mujeres nuevos animados por el amor de Dios que el Espíritu Santo nos da. Qué hermoso si cada uno de ustedes a la noche pudiera decir, hoy en la escuela, en casa en el trabajo, guiado por Dios, he realizado un gesto de amor hacia un compañero, un padre, un anciano, que bello.

Pablo y Bernabé afirman que hay que pasar muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios. El camino de la Iglesia, también nuestro camino personal, no es siempre fácil, encontramos dificultades, tribulaciones.

Seguir al Señor, dejar que transforme nuestras zonas de sombras, nuestros comportamientos que no son según Dios y lave nuestros pecados, es un camino que encuentra muchos obstáculos en el mundo y también dentro de nosotros en nuestro corazón. Pero las dificultades, las tribulaciones, forman parte del camino para llegar a la gloria de Dios. Como para Jesús que ha sido glorificado en la cruz. No tenemos que desanimarnos tenemos la fuerza del Espíritu para vencer estas tribulaciones.

Permanezcan firmes en el camino de la fe, con una firme esperanza en el Señor. Aquí está el secreto de nuestro camino, Él nos da el valor para caminar contra corriente, escuchen bien ir contra corriente. Esto hace bien al corazón, pero hace falta coraje para ir contracorriente, Él nos da esta fuerza”.

(Del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y la http://enclavedefe.com/)