Opinión

¿Se viene la tormenta perfecta?

A poco más de un mes para que termine el primer semestre del año, los analistas económicos ya tienen una visión más certera de cómo cerrará el 2019 en lo económico.

Los responsables de la conducción económica aún mantienen la esperanza de que la situación mejore a partir del segundo semestre, pero tal parece que dicha proyección se va diluyendo a razón de que se están generando situaciones a nivel local e internacional, que en nada ayudan a generar un mejor clima para los negocios.

Tal es el caso de las últimas lluvias muy intensas que se registraron en el país, afectando seriamente los principales rubros de exportación, como los cultivos de soja y la producción ganadera.

A este fenómeno natural se suma la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que originó una caída de la cotización de la soja por debajo de los 300 dólares la tonelada. Los productores estaban esperanzados de que el precio mejore, por lo que estaban retrasando los envíos de la oleaginosa, pero la situación de precios se complicó aún más en los últimos días.

Este retraso en las exportaciones de grano hizo a su vez que ingresen menos divisas al país, lo que ayudó a que el dólar sea más caro, con lo que se abre otro frente de impacto económico a nivel local.

Efectivamente, la suba del dólar y de la cotización internacional de los combustibles obligó al Gobierno y a los emblemas privados a aumentar el precio del diesel y de las naftas. Esto a su vez tendrá su impacto en los precios internos y consecuentemente se dará un aumento de la inflación.

Los últimos acontecimientos que afectan la economía doméstica pueden frenar más el desarrollo de la economía, antes que darle un impulso positivo.

El Gobierno, después de mucho merodear, decide finalmente impulsar las inversiones públicas para contrarrestar la desaceleración de la economía, que primeramente se sintió en el sector comercial y ahora le está afectando al sector real, la economía productiva.

Sin embargo, el plan anticíclico del Gobierno está encontrando tropiezos naturales y políticos. Naturales, porque las obras públicas no pueden avanzar si las condiciones climáticas no son óptimas y políticas, porque al parecer hay grupos económicos que estarían bloqueando con protestas y apelaciones las adjudicaciones y la realización de los proyectos viales.

El Gobierno, felizmente, dispone de recursos financieros para encarar importantes proyectos que pueden ayudar a disminuir en cierto modo la desaceleración. Pero hace falta una importante mejora en la gestión de los proyectos y afinar más la puntería a la hora de adjudicar las obras viales y así evitar futuras protestas y contratiempos.

Una de las fichas a la que estaba apostando el Gobierno era la recuperación económica del Brasil, pero la situación económica del vecino país tampoco está mejorando y hay proyecciones de un menor crecimiento del PIB.

El camino que toca seguir en el segundo semestre no será nada fácil y se requerirá de buenos capitanes para llegar a tierra firme a finales del 2019.

La picardía criolla de los paraguayos, sin duda, ayudará a soportar los fuertes vientos que soplan en contra y si bien no se logrará todo lo que en principio se estimó, por lo menos espero que podamos decir “no estamos tan mal como los países vecinos”.

Dejá tu comentario