22 feb. 2026

Rigoberto Arévalo, el legado de un maestro que hizo cantar al Paraguay

Rigoberto Arévalo partió a la eternidad y fue despedido por sus familiares, grandes amigos y colegas quienes recordaron su vida dedicada a la música y celebraron el legado que deja al país.

@Encisoclarisa

No hay despedida cuando la música sigue sonando. El nombre de Rigoberto Arévalo permanece vivo en cada guarania bien cantada, en cada requinto que llora con dulzura, en cada escenario donde el folclore paraguayo se expresa con respeto y verdad. Más que una figura histórica, Arévalo fue y seguirá siendo un maestro de raíz, un artesano del sonido y un guardián silencioso de la identidad musical del país.

Nacido en Villarrica el 29 de enero de 1942, su vínculo con la música comenzó en la infancia y nunca se interrumpió. Autodidacta, dueño de un oído excepcional, aprendió a tocar mirando y escuchando, practicando incluso cuando la guitarra parecía inalcanzable. Desde muy joven entendió que la música no era solo un oficio, sino una forma de vida y de compromiso.

Requinto, raíz y humildad. En la década del 50 fundó el trío Los Bemoles, conjunto con el que recorrió durante más de treinta años escenarios del Paraguay, América y Europa, llevando la guarania y la polca con un sello de elegancia y profundidad interpretativa. Más tarde, en 1984, dio origen al Trío de Siempre, proyecto con el que consolidó una trayectoria prolífica que dejó cerca de diez discos y una huella indeleble en la música popular paraguaya. Arévalo también fue pionero del requinto en Paraguay, instrumento que adaptó y resignificó hasta convertirlo en un emblema romántico del folclore nacional. Su sonido marcó escuela y su influencia se extiende hasta hoy. Sin embargo, jamás se jactó de su rol como arreglador y formador de músicos.

“Papá nunca hizo alarde de nada, pero hay muchísimas grabaciones folclóricas que hasta hoy se siguen tocando y él fue el arreglador”, recordó su hijo, Óscar Arévalo.

Autodidacta absoluto, formó su oído y su técnica con paciencia y pasión. “Él aprendió todo de oído, tenía un oído increíble, y fue formador de muchos conjuntos y requintistas que hoy son referentes”, agregó.

Constructor de caminos. Cuando el tiempo lo fue alejando de los escenarios, encontró en la radio una nueva manera de seguir compartiendo su pasión. La Hora de Rigoberto Arévalo, era el espacio donde compartía con la audiencia de Radio Nacional del Paraguay, sus memorias y celebraciones musicales. El programa, distinguido como de Interés Cultural por la Secretaría Nacional de Cultura (SNC), reunió durante tres años a grandes referentes del género, con actuaciones en vivo y un nivel artístico pocas veces visto en la radio paraguaya.

“Él se fue en paz, porque hizo lo que tenía que hacer: Llevar el folclore nacional a lo más alto, siempre respetando la raíz, la esencia original”, expresó Óscar.

“Era un romántico empedernido y una persona profundamente humilde”, dijo.

Además, ese espíritu se reflejó en su compromiso institucional ya que fue el impulsor de la primera cooperativa de músicos, fundó la entidad paraguaya de Artistas Intérpretes o Ejecutantes (AIE Paraguay) y la Fundación Folcloristas del Paraguay (FDP), para dignificar la profesión y acompañar al colega.

Rigoberto Arévalo no se fue. Se quedó en la memoria sonora del Paraguay, en el requinto que suspira, en la guarania que emociona, en cada músico que aprendió de él sin que él se lo propusiera.

Es así que las muestras de afecto se demostraron en las redes sociales, confirmando la dimensión de su legado.

El grupo Los Alfonso, al que acompañó desde sus inicios, dejó un mensaje conmovedor: “Te debemos tanto, Maestro. Recién llegados a Asunción pudimos sostenernos gracias a tu sapiencia de músico consagrado y padrino protector. Continuar tu legado fue siempre nuestro norte. Sos parte importante de nuestra historia”.

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