Opinión

Réquiem para los 4.300

Andrés Colmán Gutiérrez – @andrescolman

Las redes sociales se han convertido durante las últimas semanas en una gigantesca sección global que se parece a las páginas de exequias o avisos fúnebres de los periódicos, con sentidos textos de despedidas a amigos, familiares y personas conocidas que han muerto por la enfermedad Covid-19.
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Uno abre la aplicación de Facebook, buscando quizás un video divertido o un meme con el cual distenderse, pero lo primero que salta es la imagen de un lazo negro o rosas oscuras, emoticones de aflicción y llanto, junto al posteo de algún familiar, amigo o amiga, informando del fallecimiento de seres queridos, tras un largo calvario en el Ineram u otro hospital, o tras haber peregrinado inútilmente en busca de una cama de terapia intensiva.

Es una situación que nos cambia el ánimo. Imposible no sentirse afectado. Todos tenemos a alguien a quien decir adiós. Nuestras reacciones varían entre expresar condolencias, extremar el confinamiento propio ante el temor de resultar también contagiado o salir a actuar solidariamente, acercando aportes de alimentos, medicinas y abrigos a los pacientes y a sus familiares que resisten en campamentos de guerra frente a los hospitales.

Nuestro país vive sus horas más oscuras con la crisis sanitaria, que a la vez repercute en una dura crisis económica y en una incierta crisis política. En pocas semanas, el Paraguay se convirtió en el segundo país de la región con más muertes diarias por millón de habitantes (con 6,17 muertos en promedio, solo superado por Brasil), con una tendencia de aumento que se acerca al umbral crítico de ocho muertes por millón.

Mientras escribo esta crónica, el registro habla de 4.294 fallecidos por Covid-19 hasta el 2 de abril, con 2.367 personas internadas, 431 en terapia intensiva. Para cuando la lean, se habrán conocido los datos del día 3 y con seguridad se habrá rebasado los 4.300 fallecidos. A esta cifra dedico este réquiem periodístico.

Hay quienes culpan de esta situación a varios factores (el azar, el destino, el cambio climático, la conspiración de Bill Gates o los Illuminati, “nuestra culpa por ser pecadores…”), pero hay culpables concretos en el Gobierno y en los demás poderes del Estado por no haber hecho a tiempo lo que tenían que hacer, por falta de liderazgo, por inútiles, por corruptos, porque no les importa mucho el sufrimiento de los demás.

En una carta abierta a los tres poderes del Estado, “en nombre de un Pacto Social Roto”, la Coordinadora de Derechos Humanos del Paraguay (Codehupy) lo define claramente: “Es criminal que hayan sido cómplices, por acción y omisión, del enriquecimiento de grupos e intereses privados, permitiendo la especulación de precios, la escasez deliberada y la corrupción que hoy afecta al acceso a insumos y medicamentos hospitalarios, obligando a las familias a malvender sus pertenencias, a realizar polladas y a endeudarse, con tal de brindarle la atención médica que debería proveer el Estado de manera gratuita, según dictan las leyes en nuestro país”.

De esta vamos a salir con sufrimiento, lágrimas, pérdidas, heroísmo, solidaridad, empatía, indignación, pero también con acción crítica, abriendo los ojos, aprendiendo a construir mejores opciones políticas y a no votar por los bandidos, nunca más.

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