19 ene. 2026

Réquiem para la pileta y la picana eléctrica

Por Andrés Colmán Gutiérrez Twitter: @andrescolman

Están allí, convertidos en macabras piezas de museo, objetos de curiosidad para quienes afortunadamente nunca los conocieron de cerca, ni han sentido sus terribles efectos, en manos de los demenciales torturadores profesionales de la dictadura stronista.

Están allí, en dependencias de lo que entonces fue la temible Dirección Nacional de Asuntos Técnicos del Ministerio del Interior, vulgo “La Técnica”, sobre la calle Chile 1066, entre Jejuí y Manduvirá, en pleno centro de Asunción, un lúgubre local hoy felizmente convertido en el Museo de las Memorias.

Uno de esos instrumentos es la tristemente célebre “picana eléctrica”. Apenas un objeto cuadrado de metal, con una vara unida por un cable, elemento usado habitualmente en el ámbito veterinario para mover ganado vacuno, pero que mentes siniestras han convertido en uno de los instrumentos favoritos de tortura contra quienes osaban cuestionar a un régimen opresivo, o simplemente caían en desgracia ante los ojos del dictador y sus colaboradores.

Hasta hace 25 años era usada normalmente, durante días y noches, en cualquiera de las oscuras mazmorras de La Técnica, Investigaciones, la Tercera, la Séptima... Hombres y mujeres eran maniatados a una silla, o tendidos sobre una mesa o una cama, sujetos de manos y pies, desnudos o casi sin ropas, mientras monstruosos torturadores como Kururu Pire, Sapriza, Belotto, Laspina, Torres, Salinas, Cantero o el propio Coronel les aplicaban golpes de electricidad con la picana en los lugares más sensibles del cuerpo mojado: genitales, axilas, sienes, ojos, boca, encías, lengua, plantas de los pies... Los gritos resonaban en toda la cuadra, a pesar de la música a todo volumen.

El otro elemento es la también famosa “pileta”, una bañera común llena de agua sucia y desperdicios, en donde las víctimas eran sumergidas hasta casi asfixiarse. Muchos no aguantaron y dejaron la vida.

Ahora están allí, la pileta y la picana eléctrica. Expuestas como recuerdos del horror, en el Museo de las Memorias.

En estos días me preguntaron en un programa radial qué fue lo que cambió con la caída de Stroessner, cuando sigue habiendo tanta pobreza, corrupción, injusticia, represión... ¿No seguimos acaso en otra dictadura?

Respondí que hay sutiles pero sustanciales diferencias. Esta democracia descafeinada sigue teniendo tantas deudas pendientes... y probablemente muchas formas de tortura se siguen aplicando, pero sería muy difícil que alguien vuelva a ser sometido a la pileta o a la picana eléctrica, sin que eso desencadene un gran escándalo, ya que hay tantas formas de denunciar, de cuestionar, de movilizarse. Estos instrumentos de muerte detuvieron su macabra actividad un 3 de febrero de 1989, hace 25 años. De todos nosotros depende que sea para siempre.