Cuando anunciaron en los medios el último supuesto comunicado del EPP que amenaza a conocidos ciudadanos, entre ellos a Julio César Valiente, se instalaron nuevamente en la opinión pública interrogantes sobre las conexiones del grupo rebelde: ¿quiénes lo apoyan, quiénes lo aprovechan?
Lamentablemente, quienes emiten estos avisos amenazadores tienen la certeza de que los medios -sean radios, tevé o prensa escrita- publicarán inmediatamente sus avisos dudosos, sin someterlos a una mínima investigación o prueba de veracidad. Al aparecer el nombre de Julio Valiente, conocido personaje del mundo socioeducativo de Concepción, como uno de los están en mira de la pandilla clandestina, la gente comenzó a tejer diversas hipótesis: la más lógica, aparentemente, era la que afirmaba que Julio era afín a algunos de los integrantes del EPP y que ahora, con su silencio ante los ataques y persecuciones, era considerado un traidor y, por lo tanto, merecedor de una represalia ejemplificadora para cualquiera que intentara imitar esta actitud.
Debo aclarar que con Julio tenemos un largo caminar en la senda educativa, social, cultural, política y ciudadana. A principios de la década de los ochenta formamos parte del Equipo Diocesano de Pastoral Social, nombrados por el siempre querido monseñor Aníbal Maricevich y dirigidos por el no menos recordado monseñor Alcides Galeano (Pa’i Galí).
Son innumerables las obras de la iglesia diocesana de este periodo que subsisten hasta hoy, tanto en el sector urbano como rural. A mediados de los ochenta, unos cuatro años antes de la caída de la dictadura, se llegó a la conformación de la primera agremiación campesina del norte, llamada precisamente Organización Campesina del Norte (OCN). Como la naciente nucleación agraria solicitara a la Pastoral Social Diocesana que continuara con su asesoramiento a la misma, fuimos designados Julio y yo para esa misión. Cumplimos con nuestra tarea de acompañamiento, aproximadamente hasta 1991, año en que nos retiramos. Yo continué integrando el equipo diocesano de pastoral social, mientras que Julio se retiró del órgano eclesial y prosiguió en forma personal el asesoramiento a diferentes grupos campesinos del país y trabajando con la GTZ en el fortalecimiento del barrio IDM (Instituto de Desarrollo Municipal), de Concepción, en consultorías nacionales e internacionales y en la docencia universitaria.
Seguro que me preguntarán por qué y para qué cuento toda esta historia que a nadie le interesa. Para precisar que el trabajo de acompañamiento o de apoyo a ciertos grupos identificados con la izquierda no constituye una identificación con los mismos ni mucho menos un delito. Ser de izquierda o de derecha es un derecho de todos y de cualquiera. Lo que no compartimos Julio, yo y una gran mayoría de ciudadanos, creo, es el extremismo de ambos perfiles ideológicos. El dogmatismo ideológico, sus tutores se proclaman como los exclusivos poseedores de la verdad, consiste simplemente en querer imponer a la fuerza la propia propuesta ideológica, social, política, económica o religiosa. Son millones las muertes de seres humanos e incontables los desastres generados por ambos polos opuestos de la ideología sociopolítica. A los que optamos, por nuestra fe o por otros motivos, por la promoción y defensa de la vida nos duelen los muertos, sin importar a qué grupo pertenezcan.
No es culpa de uno, como decía un ex presidente de la OCN, que algunos de sus miembros se decidan por la guerrilla y otras opciones extremistas, no les podemos impedir dar el paso, pero tampoco podemos estar de acuerdo con su decisión y acompañarles. Siempre se recibirán amenazas de los intolerantes, pero debemos tomar con cuidado su difusión sin ton ni son, pues de esta forma estamos colaborando con esa gente a la que públicamente condenamos. Las más de las veces, gracias a Dios, las amenazas no se cumplen. Pero depende de nuestra actitud apoyar o no este intento de eliminar a la gente que trabaja por sus ideales y estorba a algunos, como Julio Valiente.
Benjamín Valiente Duarte
Docente de Concepción