Impresionado por la respuesta que tuvo el artículo del sábado pasado sobre el Café San Marcos ("¡Adiós, San Marcos, Adiós!”), publico algunas de las intervenciones que hicieron diferentes amigos como David Velázquez Seiferheld, Silvia Páez o Liliana Segovia, todos buenos y constructivos, a excepción de alguno que me escribió que yo “estaba en el viejazo”.
Este siglo XXI, en el que increíblemente ya estamos en su segunda década, los medios tradicionales se conjugan maravillosamente con otros medios, como es el potente mundo cibernético.
El primero de los mensajes que recibo es de LaMaga (Py), nombre “artístico” de Cecilia Marsal Pederzani, nieta de uno de los mencionados en el artículo de esta misma columna: “Abriste el baúl de los recuerdos”, fue lo primero que recibí.
Mi querido amigo y sobrino de una de las mentes más brillantes del Paraguay del siglo veinte, David Velázquez Seiferheld, me dice: “Cuando hablás de este tema, me hacés recordar los encuentros en la Parrillada Roma (siempre viva) entre tío Alfredo, Helio Vera, Luis Szarán, Alcibiades González Delvalle... y otros. Más que un artículo periodístico, es un testimonio de emociones que muchos compartimos. Saludos, amigo”.
Creo que este mensaje de D. V. Seiferheld resume muchas cosas que yo también siento: eso de “muchos compartimos” es realmente cierto. Yo tuve la suerte de conocerlo a su tío Alfredo, en aquella época yo todavía muchacho veinteañero, debido a la amistad que tenía con Mabel Valdovinos. Gracias a la vida tuve la posibilidad de sentarme en una mesa de café con Seiferheld.
A la amiga Liliana Segovia le despertó otro tipo de sensaciones como el primer encuentro o las ganas de rescatar el patrimonio asunceno. Ella dice: "¡Recordé tantas cosas! Que este artículo sirva para que de una vez hagamos algo por recuperar el casco histórico de nuestra querida Asunción de nuestros amores...”.
En otros casos, como el de Natalia Da Porta, le sugirió alguna de sus ricas empanadas de jamón y queso, y rememoraba que el San Marcos era el lugar donde ella le esperaba a su mamá cuando ésta salía del trabajo.
Es que esa esquina de Alberdi y Oliva tenía el bullicio de lo que hoy es, por ejemplo, Quesada y De Gaulle o España y Sacramento. No había bipper y ni soñar celular... Entonces era “nos encontramos en la esquina de San Marcos a una equis hora”. Ésa era una frase clásica de los años 80. Era además esa esquina del San Marcos lo que llamarían hoy “la plataforma de los buses”, porque era la obligada esquina de la espera del 30 o del 23, la Línea 9 o la Línea 34, dependiendo hacia dónde vivías.
Pero también tengo que decirles a los que me escribieron diciéndome: “Estás en el viejazo": no importa; si todas estas vivencias son el viejazo, yo digo: "¡Soy con orgullo del viejazo!”.
Toni Roberto
Dibujante
tonyrobertotercero@yahoo.com
Opinión