Opinión

Que se cumpla lo pactado

 

Semana horrible para el senador Dionisio Amarilla. En el momento menos deseado, su nombre vuelve a la tapa de los diarios merced a una grabación en la que se identifican su cara y su voz. La experiencia reciente demuestra que en la política paraguaya estos instrumentos son más mortíferos que la acción de todos los jueces y fiscales juntos.

La mala noticia solo empeora una racha de adversidades que viene afectando la suerte de ese “líder emergente”, como él mismo se autocalificó. La Fiscalía lo investiga por enriquecimiento ilícito, algo que al senador no lo inquietaba tanto porque las cosas estaban atadas y bien atadas en la Contraloría General, donde su esposa era directora de Declaraciones Juradas. Pero, con la reciente destitución del contralor Enrique García, ella también perdió el cargo y ese flanco quedó desprotegido. Esa no sería, seguramente, su única preocupación. Su instinto político habrá olfateado algo peor: su mala imagen ante la opinión pública viene creciendo a un ritmo irrefrenable. Hoy en día ese dato no puede tomarse a la ligera.

¿Recuerda usted cuando Óscar González Daher era visto como “el Señor del Mal” de la ANR? Con razón o sin ella, la gente lo identificaba como el más corrupto de los políticos colorados. Y, por más poder que haya detentado, la marea de indignación hizo que sus compañeros le soltaran la mano. Me da la impresión de que el senador Amarilla empieza a ser etiquetado de igual modo en el PLRA. Con un agravante: con tantos parlamentarios afines que perdieron la investidura (recuerdo a Ibáñez, González Daher, Quintana, Oviedo Matto, Bogado), hay colorados que exigen que también le toque a algún liberal. Si la guillotina cae sobre Dionisio, el que suspirará aliviado será Carlos Portillo, librado del patíbulo.

Si las cosas ya venían mal, la revelación de esta reunión con ingente tufo a uso indebido de influencias suena fatal. El nerviosismo de los primeros momentos llevó al senador a pronunciar esas frases, rápidamente convertidas en memes en las redes sociales: “lo único valioso que tengo es el valor de mi palabra”, “económicamente soy un pelele”, “soy un pelotudo en mayúsculas”. Pero la que tiene mayor carga simbólica fue pronunciada casi al terminar la grabación lograda por Juanky Lezcano y es la del título. Escucharla en tono imperativo, casi amenazante, le otorga un invencible aire de diálogo mafioso.

Vinieron luego las explicaciones engorrosas y contradictorias, la querella contra el periodista y la búsqueda de aliados con quienes enfrentar el vendaval. Me parece que son algo tardías, pues el interés de la gente se enfocó enseguida en otro tema vinculado a esas conversaciones: los negociados de las licitaciones estatales. Algo gigantesco de lo que se sospecha mucho, pero se habla poco. El día que se investigue en serio será nuestro Lava Jato’i.

Dionisio se ha convertido en un problema para muchos. Quizás pueda zafar. Cuenta aún con el respaldo de la importante bancada llanista, hábil en sacar provecho de sus maleables pactos. Pero tendrá que sobrevivir a la exigencia que la ciudadanía hace a Mario Abdo. También él debe cumplir lo pactado durante la campaña electoral: “caiga quien caiga”.

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