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Esta mañana comienzan las sesiones plenarias de la 44ª Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA), cuyo tema central, Desarrollo con inclusión social, movilizó a sectores antagónicos del país y del continente sobre el concepto de inclusión.
El máximo organismo del continente inicia su reunión anual de cancilleres en medio de manifestaciones ciudadanas que piden que no se aborden ni avancen sobre temas como la condena a toda forma de discriminación e intolerancia, y los que piden que los Estados asuman políticas al respecto, para garantizar los derechos humanos a todas las personas, independientemente de cuestiones como la opción sexual e identidad de género.
En este marco, con grupos polarizados defendiendo sus respectivas posiciones, 24 años después la OEA vuelve a celebrar en Paraguay una Asamblea General (AG). La primera vez lo hizo en junio de 1990, cuando el país transitaba sus primeros 18 meses de transición hacia la democracia, tras el golpe de Estado de febrero de 1989 que derrocó al dictador Alfredo Stroessner.
Entonces no hubo manifestaciones, como ahora, en vísperas de la Asamblea General, y nadie osaba siquiera hablar de los temas que en estos momentos se plantean en términos de derechos humanos. Entre ellos, el matrimonio igualitario, la no discriminación por motivos de orientación sexual o expresión de género. Mucho menos de legalizar el aborto.
Cuando en marzo último, la Cancillería Nacional presentó ante el Consejo Permanente de la OEA el tema Desarrollo con inclusión social para la 44ª Asamblea General en Paraguay, como “transversal para toda América Latina y el Caribe”, lo planteó con un énfasis económico, y ante la preocupación de que “pese al crecimiento económico registrado por la mayoría de los países de la región en los últimos años, en América Latina y el Caribe hay todavía 164 millones de personas que viven por debajo del umbral de pobreza”.
Entonces, el canciller Eladio Loizaga no se imaginaba que el tema escogido y aceptado por unanimidad en la OEA, desataría un postergado debate sobre temas que para unos representan una amenaza para instituciones como la familia, mientras para otros, son un avance en materia de derechos humanos.
Por acción de la sociedad civil nacional y continental, los cancilleres se verán obligados también a encuadrar sus conceptos sobre inclusión, hoy.