Las revelaciones sobre los escandalosos privilegios salariales en el Congreso, primero, en las binacionales, después, cruzadas por el video porno del Maquiavelo paraguayo, Juan Carlos Galaverna, confirmaron lo que se sabía pero que exigía pruebas. La decadencia política en su máxima expresión reflejada en un Estado (agregando las binacionales) corrupto, ineficiente, injusto, cortesano, que mostró los impúdicos salarios públicos como prueba de su prostitución.
Sin cuerpo no hay delito. Y apareció en escena el cadáver putrefacto como prueba válida para apuntar a los criminales: políticos de todos los colores que con el correr de los años fueron corrompiendo la función pública con sus partidarios, sus familiares y sus meretrices, mientras el país se hunde en la miseria.
la punta del ovillo. Blas Llano, el nuevo Maquiavelo por su capacidad de reinvención, desde que fue electo presidente del Congreso con la venia de Horacio Cartes, se dedica a mover el avispero con temas sensibles. Primero fue el cambio de la Corte Suprema, que generó tensión pero que se desinfló por la falta de acuerdo político y se diluyó en un debate de la reforma judicial. No pasó nada, pero Llano instaló un tema en el que hay consenso ciudadano.
Luego habló de los escandalosos salarios del Senado, los privilegios y cargos absurdos como director de fotocopias o 16 ascensoristas para 2 ascensores y otras sorprendentes revelaciones, como los 5 aguinaldos al año que reciben los funcionarios.
Pornostar. En medio de ese debate furioso de la ciudadanía, hace exactamente ocho días, un escándalo sexual circulaba en las redes sociales. Y la charla del asado dominical se recalentó con las imágenes escabrosas de Juan C. Galaverna con dos señoritas que al día siguiente no tuvieron empacho en detallar las intimidades sin dejar nada a la imaginación. El verborrágico senador, el azote de Dios, que humilla a sus adversarios de cualquier color, rango fiscal y juez de todo el mundo, caía en su propia trampa. El video que él mismo se encargó de filmar recorrió el país y el mundo, dejándolo mudo. En una débil defensa buscó culpables políticos de tan bochornosa caída. Apunta a Javier Zacarías Irún como el cerebro de la difusión del video que él mismo filmó.
La interna colorada subió decibeles y aunque el presidente Cartes le dio su apoyo, muchos de sus aliados están disfrutando de su desplome.
binacionales de diamante. Aún con el caso Galaverna en álgido debate, salió la orden presidencial para abrir el cerrojo de las binacionales, enterrando décadas de oscurantismo. Los salarios, el mejor secreto guardado en los sucesivos gobiernos, salió a luz encandilando con su derroche. Viendo los siderales salarios uno puede entender por qué se resistían tanto a la transparencia. Las cifras y los privilegios mencionados tanto en Itaipú como Yacyretá son inaceptables en un país con alto índice de pobreza y desempleo.
Y aquí no caben discursos populistas de pelear por ganar iguales salarios de oro, sino la desigualdad, la inequidad y los valores. No puede un jefe de fotocopias ganar 4 veces más que un médico, o un chofer ganar G. 20 millones y un docente salario mínimo, o un albañil como un ministro. O la secretaria más que el juez.
No hay justificativo posible para argumentar a favor de esta dilapidación del dinero público.
todos culpables. En la destrucción del Estado todos los partidos son culpables. Más el Partido Colorado por las décadas de administración. Pero debe decirse que ni liberales ni izquierdistas, cuando tuvieron la oportunidad de gobernar, levantaron la voz para arreglar este escándalo. Al contrario, se sumaron al corso para disfrutar también de los privilegios, incluso aumentándolos. Ni siquiera hoy que están en la llanura. Sus prebendarios disfrutan sin chistar de los escandalosos privilegios en el Congreso, las binacionales y cuanto organismo del Estado donde ingresaron con las mismas intenciones de quienes tanto criticaron.
cirugía mayor. El presidente de la República, el Congreso y el Poder Judicial deben frenar esta afrenta. Sobre todo aquellos que crearon este monstruo deben tener el valor de aniquilarlo.
No hay que perderse en el estéril debate de poner en duda la ética de los que propician los cambios. O caer en las teorías conspiraticias elucubrando por qué y para qué se divulgan listas o videos justo en este momento.
Lo importante es que en esta pelea de hienas la ciudadanía gana: se impuso la tesis de la información pública, la transparencia. Para que este tsunami indigerible de datos no quede solo allí incrustado en la garganta, hay que presionar para que en un gran pacto político-judicial se inicie el proceso de saneamiento para revalorizar la función pública y salvar el Estado.