Por Carlos Darío Torres / Foto: Archivo ÚH.
En las pancartas se leen diferentes consignas; en ellas se mezclan los “Fuera Lafuente” con “Por una educación pública, gratuita y de calidad” y “Queremos un país con más oportunidades”. La movilización, que empezó con la toma del colegio República Argentina por los estudiantes, tuvo réplica en otras instituciones y en varias ciudades. Una vez más vimos a los jóvenes forzando un cambio.
La historia reciente paraguaya muestra varios hitos que tuvieron como protagonista a la juventud, como pasó en el Marzo Paraguayo y –más acá en el tiempo– en las movilizaciones de los universitarios y las sentatas. Los motivos fueron diversos, pero las manifestaciones se caracterizaron por su espontaneidad y porque fueron ganando fuerza con los días.
Apoyo y consecuencias
En general, el resto de la población aprobó las movilizaciones, y hasta se solidarizó y las apoyó materialmente, proveyendo a los jóvenes de la logística necesaria para resistir. La fuerza y determinación de los protagonistas terminó por torcer el brazo de las autoridades y las reivindicaciones fueron atendidas. La juventud: victoriosa. ¿O no fue así?
Una de las críticas a las tomas, provenientes de sectores conservadores pero también de carpas más progresistas, fue la de que sus protagonistas no plantearon reformas de fondo en el sistema educativo, más allá de las consignas; y se manifestó que se corre el riesgo de que el cambio se limite solo a la sustitución de Lafuente, una funcionaria técnica, por Enrique Riera, un político.
Es también la opinión del sociólogo Luis Ortiz, investigador del Instituto de Ciencias Sociales. “Me da la impresión de que los sectores conservadores ligados a la educación se valieron de esta movilización para terminar en un statu quo”. Y si bien reivindica las recientes protestas, el experto no descarta que estas puedan terminar provocando retrocesos en la educación.
A su criterio, el descontento de los estudiantes generó una manifestación legítima (“la Constitución la garantiza”), aunque por haber sido una acción colectiva no organizada, y considerando que no se notó una reflexión a fondo sobre la problemática, terminó simplemente en la destitución de un funcionario y en su reemplazo por otro.
“Yo no tengo ningún reparo hacia Riera, quizás posea alguna chance de orientar la política educativa hacia algún rumbo, aunque sí tengo reparos sobre sus antecedentes como gestor público. Además, al estar orientadas hacia el cambio de un ministro y no hacia una cuestión de fondo, es posible que estas acciones colectivas tengan como resultado una regresión, un retroceso, porque se pueden interrumpir algunas de las medidas ya implementadas por la ministra”, advierte.
Ortiz recalca que las tomas son un síntoma de un descontento generalizado, que reclama por el mejoramiento de la infraestructura, de la calidad de la educación y de la eficacia en términos de aprendizaje. Y aunque haya una movilización que no está necesariamente organizada en función de criterios muy claros, sí considera que las cosas deben cambiar.
A su vez, el educador Melquiades Alonso sostiene que detrás de las acciones de los estudiantes “hay una aspiración muy fuerte por una mejor educación; y si hubo tantas tomas de colegios es porque, por un lado, se solidarizaban con los compañeros que estaban movilizados pero, por otro, en realidad están sintiendo la necesidad de una mejor educación”.
Alonso cree que es cierto que hay un rechazo a la corrupción en general, al desuso del dinero vinculado a la educación –y en particular a las construcciones– por parte de intendentes y gobernadores, pero aclara que en este caso la acción desembocó en la salida de la ministra Lafuente, “alguien a quien no se puede acusar de corrupta”.
De ahora en más
Después de las tomas y del cambio de ministro, percibidos como una pulseada ganada por los estudiantes, parece ineludible pensar en el futuro del sistema educativo paraguayo, para que la victoria no termine siendo vacía y se le dé a la lucha un sentido más profundo, precisamente lo que se reclamó desde varios sectores de la sociedad.
Luis Ortiz opina que ninguna política de educación resuelve los problemas por sí sola, y no solo en Paraguay. “Se suele tomar el caso finlandés como emblemático para apuntalar el desarrollo, pero lo que se olvidan de mencionar es que la reforma del sistema educativo vino después de que se hayan hecho acuerdos y tomado medidas en otros órdenes. No empezó por la política educativa”, aclara.
El sociólogo destaca que en países como Finlandia y Corea, primero se resolvieron problemas como la distribución de la riqueza y la generación de empleo; y se diseñaron políticas redistributivas basadas en una estructura impositiva equitativa, algo que en Paraguay no existe. “Los que más ganan tienen que pagar más impuestos. Los menos favorecidos deben ser compensados en su situación social”, añade.
El especialista afirma que cuando la sociedad está cada vez más igualada en cuanto al acceso a oportunidades, o en las condiciones de vida, una reforma en la educación puede ser aplicada con éxito, “porque se elimina el sesgo de desigualdad en el proceso educativo”.
Melquiades Alonso opina, por su lado, que la educación no puede simplemente apuntar al presente, sino a educar para construir el futuro. “Tenemos que formar a las nuevas generaciones, no solo con ganas de vivir mejor, sino que ese vivir mejor debe ser resultado de la colaboración”, asegura.
El educador agrega que se debe poner énfasis en la formación social y política “porque no es solamente con la técnica, con las matemáticas, con las ciencias básicas, que vamos a construir el futuro. Si no entendemos cómo funciona la sociedad, si no sabemos cómo podemos incidir en esa construcción de la sociedad, por más que queramos, no vamos a poder llegar”.
Alonso está de acuerdo en que se tiene que mirar las experiencias de otros países, pero aclara que la construcción de un pensamiento educativo para Paraguay debe ser hecha por paraguayos, con la participación de estudiantes, padres, docentes y autoridades.
En tal proceso, agrega, la participación debe ser ilustrada, con buena información. “No sentarse a escuchar y decir amén. Y hay que formar criterio, porque tampoco sirve la información si no tenemos criterio con respecto a lo que es y debería ser la educación”.
A reunirse
El educador propone crear un foro que se reúna cada tres años, en el que se discutan las líneas de lo que tiene que ser un proyecto educativo. Pero aclara que en ese foro no se va a hacer el proyecto, sino que serán los técnicos los que tendrán que trabajar para darle forma.
“Supongamos que el proyecto incluya instalaciones, edificios y equipamientos. En uno o dos años llegamos a eso, ¿y después qué? Tenemos que rever. Entonces el proyecto no puede ser una cosa acabada. Nosotros nos planteamos planes a 10, 20 años, pero para tener un horizonte nomás”, explica.
En lo que se debe hacer hincapié, dice Alonso, es en que cualquier plan se debe elaborar con la participación de la gente, porque cuando la gente participa, también se compromete. “Los docentes no llegaron a identificarse con la última reforma porque no tuvieron participación”.
El especialista añade que también se tiene que revisar si en Paraguay debe existir un sistema de educación privada. ¿La razón? “La educación debe buscar la integración en la sociedad”, resalta Alonso y agrega que la educación privada lo que hace es segmentar, y con un criterio injusto, como la disponibilidad de recursos económicos de los padres y nada más.
“Formar a futuros empresarios neoliberales implica pensar que el futuro es una continuación del presente. Ese no es el futuro que queremos. El futuro que queremos es una sociedad justa, podemos discutir y habrá diferencias en cuanto al cómo, pero queremos que todos tengan la posibilidad de formarse integralmente, de crecer a lo largo de la vida y también de aportar a la sociedad lo mejor de cada uno”, afirma.
El Paraguay del futuro reclama una educación de calidad, pero antes debe resolver las desigualdades que todavía afectan a la sociedad. La movilización de los estudiantes abrió, una vez más, una puerta al sendero que lleva a un país más justo, pero transitarlo requiere del esfuerzo de todos.