¿Por qué cuesta tanto aprender matemáticas e incluso en algunos infunde temor? Desde un principio se la presentó como algo serio, basta con darle un vistazo a la portada del libro Álgebra, de Baldor, donde aparece el matemático y astrónomo persa que vivió entre el 780 y 850 d.C., Al-Juarismi, quien genera gran ansiedad en los estudiantes que se preparan para ingresar a la universidad.
Las estadísticas no juegan mucho a favor local. Paraguay figura en el penúltimo país de la región en Ciencias y en Matemática, según el Tercer Estudio Regional Comparativo y Explicativo (Terce) que indica que niños de los grados 3º y 6° del país tienen bajos niveles de aprendizaje en esas áreas. La educación en todos los niveles está en crisis.
La PhD en Didáctica Matemática por la Universidad de Granada (España), de nacionalidad chilena y miembro del Centro de Modelamiento Matemático de Chile, María Victoria Martínez, habló con ÚH de la necesidad de cambiar la concepción que se tiene de esta materia.
La experta forma parte del equipo internacional que asesora a un equipo paraguayo que está diseñando el proyecto de investigación Actualización Profesional en Educación Matemática, que impulsa Omapa, con el apoyo del Conacyt.
“Es difícil y dramático para quienes nos dedicamos a la educación matemática, pero este problema no es desconocido para mí”, afirma Martínez sobre la situación de la enseñanza y el aprendizaje que fue también una problemática en Chile y –como en nuestro país– la falta de motivación es la causa.
Sin miedo. No se trata –dice– de amar la matemática por amar la matemática, sino de “perderle el susto pensando que esto permitiría un mejor aprendizaje”, y eso se logra trabajando la motivación no solo en el alumno, sino también en el docente.
“Vivimos en una sociedad donde mucha gente tiene ansiedad matemática. La gente se asusta, no solo los niños, los profesores también”.
“Llegan al sistema escolar profesores, por ejemplo, de primaria que tienen ansiedad matemática, entonces es muy complejo”, alude. Esto se puede lograr buscando formas distintas de enseñar, alternativas que permitan que los niños se acerquen a las matemáticas.
La experta en Didáctica afirma que hay que dejar de presentar esta ciencia formal como un “imposible”, pensando en que efectivamente es una materia más democrática de lo que se piensa. “La matemática es para todos”.
La Dra. Martínez propone un cambio de paradigma en el que alumnos y profesores trabajen juntos construyendo comunidades de aprendizajes en las escuelas, que los profesores puedan consultarse entre ellos y resuelvan los problemas.
¿Cosa seria? “Hay una concepción de las matemáticas que estamos trabajando por cambiarla, porque normalmente pensamos que la “matemática seria” es de una sola respuesta y que no admite errores. En realidad, eso no es matemática”.
Los matemáticos se equivocan muchas veces, buscan caminos alternativos comparten con otros. Hay que impulsar clases participativas, donde se compartan posibles resultados, dice.
Los niños no deben temer equivocarse, deben preguntar al compañero cómo llegó a esa respuesta y darse cuenta de que hay tres o cuatro caminos para llegar a un mismo resultado.
“Eso demanda aulas donde se hable, no aulas silenciosas donde no vuele ninguna mosca. En realidad deberían volar muchas moscas a la vez y suceder muchas cosas porque en general el conocimiento se construye hablando, se construye conversando, discutiendo. Entonces cambiar esa concepción de la matemática es un poco compleja”.
Los profesores deben discutir, debatir y no pensar la Matemática como una ciencia estática ya acabada en el sentido de que está terminada. El discutir, argumentar, el preguntarse por qué también es matemática, es actividad matemática pura, resalta Martínez.
Desde el primero al sexto grado de la educación básica, un alumno establece una relación a largo plazo con los números, figuras geométricas o símbolos. De ser buena esta correspondencia, el niño desarrollará el pensamiento lógico; sin embargo, a lo largo de su formación académica, un joven puede bloquearse.
A prueba de balas. “Hay gente que dice que hasta sexto básico amó las matemáticas, pero en séptimo año le tocó un profesor que le hizo todo muy difícil y nunca más quiso saber nada de esta ciencia”.
En ese sentido, es tan importante que la formación de los profesores sea a prueba de balas, es una formación muy importante para que de alguna manera vele para asegurar una buena relación con el conocimiento desde muy pequeño hasta que terminen su formación escolar, agrega la experta.
Importancia. Las matemáticas en la sociedad tecnológica en la que vivimos es una puerta de entrada a estudiar determinadas profesiones, por lo que la buena enseñanza y el buen aprendizaje de esta ciencia formal es indiscutible.
La Dra. Martínez dice que si no aseguramos que los niños tengan un buen desarrollo en competencias matemáticas y acceda al conocimiento que queremos que la escuela o el colegio da a conocer, los estudiantes seguirán saliendo con desventajas al mundo.
“Por eso es tan importante que no solo aseguremos que (los alumnos) sepan ciertos conceptos, sino que también hagan matemática, se atrevan a pensar, a equivocarse. Hay muchos factores de autoestima. Aprender que si me equivoco no pasa nada es un aprendizaje enorme para la vida”, destaca la experta en Didáctica.
En el aula sucede mucho más aprendizaje que aprender estrictamente los conceptos y contenidos de la ciencia. Esto tiene que ver con el pensamiento lógico, con la actitud ante la vida, con ser perseverante, con perder el miedo.
Opciones. Si la enseñanza en matemáticas fue buena en la primaria y luego en la secundaria, los jóvenes se sentirán más libres y seguros de seguir cualquier carrera sin tener que hacer el ejercicio de descartar alguna porque tienen esta asignatura en su malla curricular.
Los jóvenes buscan carreras que no tengan matemáticas, afirma la Dra. María Victoria Martínez, resaltando que esta ciencia pura se ha planteado como la asignatura filtro para ingresar a los colegios o a las universidades.
“Se hizo de la matemática una materia que permite separar a los inteligentes de los que no lo son. No tiene nada que ver eso y justamente este es el resultado de dar poca cabida dentro del aula al pensamiento divergente cuando eso es una delicia para desarrollar matemática”, destaca la profesional.