Opinión

Peores que el virus

Brigitte Colmán – @lakolman

Dejando de lado las bromas pesadas sobre el hecho de que todos pasamos a la fase siguiente, menos Cerro, la situación que se vive en estos tiempos en la ciudad de San Roque González de Santa Cruz, que volvió a la fase 0 de la cuarentena por la pandemia del coronavirus, es muy triste.

Mientras en Asunción iniciamos la fase 3 con expectativas y temor, ante la posibilidad de que todo se desmadre, en aquella zona del país retrocedieron en el proceso. Y solo nos resta pensar que se hizo tanto esfuerzo para nada.

Tanto encierro, y obligarnos a estar sobreinformados con todo lo que sucede en el país y en el planeta; asustarnos con aquellas imágenes de camiones militares en Italia llevando centenares de ataúdes; y los videos de los cadáveres en las calles de Guayaquil en Ecuador. La memoria es muy flaca, o la gente no se entera o no le importa nada.

La fase 0 de la cuarentena, como sabemos bien, establece la restricción total de circulación de personas y vehículos en las calles, salvo excepciones y para la compra de alimentos, medicamentos o requerir un servicio de urgencia. Y a eso es a lo que volvieron los pobladores de San Roque y todo por culpa de una persona.

Como se sabe, el distrito de San Roque González de Santa Cruz, en Paraguarí, con más de 13.000 habitantes, se vio afectado luego de que un militar con la enfermedad fue a visitar a su familia y contagió a una gran cantidad de personas.

Y como si esa no fuera suficiente, en esta zona donde el coronavirus se ha disparado, en el Departamento de Paraguarí, no hay ni una sola cama de terapia intensiva, apenas tienen tres camas de terapia intermedia sin respiradores.

Paraguarí es como un laboratorio, ahí podemos observar sin necesidad de usar microscopio a una serie de seres, como murciélagos portadores de los virus más letales del universo, más malos que Thanos: Su dirigencia política.

Nadie los escracha, y sus nombres no van a pasar a la historia por sus malos actos, porque este pueblo tiene memoria corta, demasiada paciencia y muy mal gusto a la hora de votar.

Paraguarí no tiene ni una sola cama de terapia intensiva ni un solo respirador, pero tiene un montón de caudillos ocupando espacios de poder muy poderosos, como los diputados colorados Miguel Cuevas, diputado por Paraguarí, actualmente preso en la agrupación especializada y procesado por enriquecimiento ilícito; y Tomás Ever Rivas, acusado por los supuestos hechos de estafa y cobro indebido de honorarios, sobre quien una investigación de ÚH descubrió que sus caseros de oro empleados suyos figuraban como funcionarios de la Cámara Baja, cobraban salarios sin trabajar para el Estado, en realidad trabajan para el diputado.

Si hoy Paraguarí no tiene terapia intensiva es por culpa de sus políticos. Ahora intendentes y gobernadores claman al cielo y reclaman por asistencia alimentaria y sanitaria. ¿Dónde están los políticos que los representan en el Parlamento? ¿Dónde han estado esos politiquitos cuando no tenían hospitales ni escuelas? ¿Qué hacen con el presupuesto de la Gobernación y de las municipalidades? ¿Dónde se esconden esas ratas cuando la gente que los vota reclama su ayuda? ¿Por qué no usaron sus influencias para conseguir hospitales y escuelas para los pobladores? La respuesta es muy obvia: Porque la gente y sus necesidades no les importa. Solo les importan sus propios y mezquinos intereses, y no es casualidad que hoy estén investigados y procesados por una Justicia lenta como una tortuga.

Paraguarí es Paraguay, 70 años de coloradismo y ni un respirador. Paraguarí es una alegoría del Paraguay.

Un país entero encerrado durante tres meses y una clase política de cuarta que no pudo comprar ni una curita, porque hay quienes no pueden contener su necesidad de robar. Nosotros, los ilusos esperamos algo mejor de ellos, que son peor que el virus.

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