Paraguay no ha sido parte de esta corriente. Paraguay debe aumentar el impuesto al tabaco no solo porque es dañino para la salud, sino también porque la presión tributaria general es baja y el país requiere más recursos para financiar políticas públicas, especialmente de salud.
Desde hace unos años, Paraguay viene discutiendo la necesidad de una reforma tributaria que mejore las recaudaciones, tanto por la necesidad de solventar el desarrollo, como para dotar de mayor equidad al sistema tributario.
El impuesto al tabaco, además de contribuir a generar mayores recursos que cualquier plan de desarrollo requiere, tiene la potencialidad de desalentar el consumo y por esa vía reducir los gastos que se generan tanto en el sector público como en las familias a causa de las enfermedades originadas en el tabaquismo.
La evidencia empírica derivada de una infinidad de evaluaciones de todo tipo muestra, en primer lugar, los efectos beneficiosos de combatir esta adicción. En segundo lugar, también está demostrado que no existen consecuencias negativas en la economía cuando el Estado cumple bien su rol en la generación de oportunidades económicas.
Uno de los argumentos a favor de no aumentar considerablemente el impuesto al tabaco ha sido el riesgo de pérdida de empleos. Para contrarrestarlo, existen las políticas activas de empleo, la política agropecuaria y la capacitación laboral. Si ese argumento fuese válido, tampoco se debería combatir la prostitución, el cultivo de drogas ilegales, la venta de crack y otras actividades ilícitas, porque aumentarían el desempleo y la pobreza.
Aun cuando se pierdan empleos, el saldo neto siempre será positivo en años de vida saludable para una población, y finalmente los beneficios resultan muy superiores al costo de las pérdidas. Y la pérdida de vidas humanas por enfermedades prevenibles nunca debe ser subestimada. Es más, el país debería avergonzarse de no poder reducir las muertes por enfermedades respiratorias o cáncer que se originan en el consumo de cigarrillos.
Por razones éticas y económicas, el mundo desarrollado ha implementado una diversidad de políticas en contra de esta adicción. La prohibición de publicidad en actividades deportivas, la impresión de mensajes y fotografías de tinte negativo en las cajas, la incorporación en el currículo educativo de contenidos informativos sobre las consecuencias para la salud, la prohibición de fumar en edades tempranas y en espacios públicos, y la mayor presión tributaria, son medidas ejemplares impuestas por los estados como parte de un pacto social que antepone el bienestar de las personas al interés particular de un sector económico poderoso.
No hay teoría económica, ni la más liberal, que esté en contra de controlar el consumo de tabaco, dado que no hay una sola consecuencia positiva en tabaquismo, por eso la fuerte intervención estatal en la materia.
Paraguay debe aumentar el impuesto al tabaco, para llegar al menos al promedio latinoamericano. Y analizar también el impuesto al alcohol.