Por Sofía Masi | CIUDAD DEL ESTE
En todo momento sostiene que el muchacho fue inducido por terceros para presentar la denuncia en su contra con el único objetivo de perjudicarlo, en represalia por los reclamos y el trabajo pastoral que llevó a cabo en Juan León Mallorquín.
La fiscala de Ciudad del Este Juliana Giménez, quien investigó el caso, dio lugar a una acción presentada por el abogado del sacerdote Edgar Florentín, quien pidió la desestimación de la causa con el criterio de que no existió hecho punible. La investigación determinó que sí hubo relación sexual pero con el consentimiento de ambas partes y el caso no se caratuló como estupro, porque cuando ocurrió el hecho, el joven tenía 17 años.
Se tuvo en cuenta que el Código Penal sanciona el estupro cuando la víctima tiene entre 14 y 16 años. Con este criterio, la fiscala no imputó al sacerdote y prescribió la causa. El juez penal de garantías César Níder Centurión avaló el criterio fiscal y la denuncia quedó sin efecto.
Convencido de que es inocente, Sotelo cuenta como conoció a Alcides Guzmán y niega haber mantenido relaciones sexuales con él.
¿Le sorprendió la denuncia?
En cierta forma sí y de cierta manera no. Porque yo venía ya arrastrando muchas persecuciones en la parroquia. Trabajé en la defensa de las comunidades, por la seguridad, contra la delincuencia, contra la corrupción. Incluso se tenía el caso muy sonado, la cuestión de los residuos tóxicos que en cierto momento se llevó a O´Leary. Yo denuncié y estuve detrás, casi me mataron, eso la prensa lo tiene documentado. En Mallorquín también, desde que llegué era perseguido por un grupo de gente porque yo soy una persona a la que le gusta la transparencia y bueno, eso también tiene sus consecuencias.
Entonces, ¿A usted le parece que esta denuncia surgió como una represalia o persecución?
Yo creo que es una represalia, una persecución por todo lo que yo venía haciendo. Yo soy un sacerdote de línea conservadora y me gusta respetar lo que dice el Vaticano, todas sus normas y muchas veces, muchos obispos y algunos sacerdotes nos lanzamos demasiado en una línea liberadora que destruimos de alguna manera la imagen de la iglesia. Yo estoy 16 años trabajando como párroco y como sacerdote en Alto Paraná, de los 16 años llevo 13 como miembro del Consejo Presbiterial y el último año estuve como vicario episcopal para la familia. Soy un sacerdote que trabajó mucho con la gente pobre con la gente humilde y por la familia.
¿Pero cómo fue que usted conoció al joven que lo denunció?
El caso fue lo siguiente, fue muy contrario a lo que él declaró. En cierta parte coincide cuando dice que fue para su primera comunión, aunque yo diría que él estaba preparándose para la confirmación. Hay que recordar que el chico tenía ya 17 años.
¿Pero entonces, él se acercó a usted cuando iba a hacer su primera comunión o la confirmación?
Para confirmación, pero él no había hecho todavía la primera comunión. Pero como la edad ya era avanzada, tenía 16 años cuando empezó la catequesis, 17 años cuando nos conocimos, entonces no podía entrar en la catequesis de primera comunión con los niños de 7 u 8 años. Su caso fue una salvedad y fue admitido en la catequesis de confirmación sin haber hecho su primera comunión.
¿Cuándo se confesó con usted?
El 22 de noviembre de 2008 tuvimos una jornada de confirmandos y padrinos, pero yo no pude hacer la confesión en esa oportunidad. Entonces dije a los chicos que podían confesarse en sus respectivas capillas o en la parroquia con cualquier sacerdote. También les dije, que como siempre suelo decir, que cualquier problema que tengan pueden decirlo en el momento de la confesión.
El 26 fui a la capilla del muchacho y él aprovechó para confesarse. En esa confesión él me dijo tenía un problema que quería confesar conmigo y entonces yo le dije que la confesión no daba para eso porque aún me quedaban niños por confesar y yo aún tenía capillas que visitar para hacer misa.
Entonces le dije que pasara por la parroquia. Entonces él aceptó y el 16 de diciembre del 2008, él apareció en la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Juan León Mallorquín.
¿Y qué pasó allí?
Ahí fue que yo estaba atendiendo a la gente y la secretaria le hace pasar. Entra él, le saludé, nos sentamos y entones él se fue a contarme su inquietud. Me contó problemas familiares y no de enfermedad como él dijo. Me dijo que su padre era un alcohólico, que trabajaba en un taller de motos en O`Leary y que se iba a la tardecita y que maltrataba a su madre y a él. Que le había echado de su casa, razón por la cual él estaba viviendo en casa de su padrino.
Me pidió que intervenga en el problema de su familia y le dije que lo intentaría. Así pasó y antes de despedirse, le dije, como era muy poco concentrado, él era muy pálido, muy débil, entonces le recomendé un remedio casero para fortificante, le dije que machaque un puñado de coco, que hierva con leche y endulce con miel de abeja, y le agregue huevo casero y mezcle con eso. Que lo haga por lo menos un mes y que le iba a ayudar. El me agradeció y salió, yo seguí atendiendo gente después de él. Ese día también hablé con su padrino y con él a la salida, donde antes de irse me pidió mi número de celular para comunicarse conmigo, le di y él me dio su número y el de su padrino, por cualquier cosa.
¿En total cuantas veces se vieron?
En total 4 veces el llegó a la parroquia, la segunda vez ya no fue en la secretaría parroquial, sino en el patio. El 4 de febrero volvió y conversamos, no me habló de su problema y me contó que quería viajar a Asunción y me contó que quería estudiar mecánica. Me contó que su hermano estaba estudiando allá y que viviría con él. Una semana después volvió, yo estaba tomando tereré con mi personal, y conversamos, y me informó que iría a Asunción y que estudiaría allá.
Conversamos de eso, el es de poco hablar pero me contó todo y que viajaría esa semana, le deseé éxitos y nos despedimos. Entonces él me pidió para seguir llamando desde Asunción y yo le dije que no había problemas. Después el me empezó a llamar y siempre su pregunta era que hay por Mallorquín. Yo no sé si él no tenía nada que hacer allá o que, pero siempre llamaba y a veces me llamaba de noche.
También me enviaba mensajes y yo a veces le contestaba otras no. Recuerdo que a veces ya me enviaba mensaje a medianoche. Y eso me molestaba. Después el volvió en diciembre, me llamó, quería conversar conmigo pero no pudimos hablar porque yo tenía compromisos.
Después de dos días, él me llamó otra vez y él me contó que una persona le había pedido que me involucre en cuestiones sexuales. Y entonces le dije que me sorprendía eso de él y que él como cristiano debía rechazar ese tipo de propuestas. Eso es grave, difamación y calumnia está penado por ley, le dije que le podría llevar a la cárcel.
Además le dije esto no tendría que pasar por su mente porque estas cosas no se hacen. Y por qué las personas que quieren usarle no vienen a hablar sus diferencias conmigo. No te metas en eso le dije. Eso fue en diciembre del 2009. Le pregunté quien fue, me dijo que unos amigos, pero no me dijo el nombre. Se me quedó eso en la mente, pero no lo comenté con nadie, después volvió en enero.
¿Y qué pasó después?
Era enero del 2010, el llegó a la parroquia donde yo y mi personal estábamos tomando tereré. Llegó en una moto, no saludó, le llamó un hombre y le dijo que salga de ahí, porque él no tenía nada que hacer en la parroquia. Él le dijo que solo se quedó ahí porque se descompuso su moto.
El se quedó ahí hablando con nosotros, diez minutos después le volvió a llamar la misma persona y el le dijo lo mismo. Después yo salí de ahí y él se quedó con el empleado de la parroquia, que me contó que el hombre le volvió a llamar a él. Unos días después, el padre Miguel Arrea presentó la denuncia de supuesto abuso sexual. Se presentó en Asunción, porque sabían que acá esa denuncia no iba a correr, porque soy muy conocido y tengo respaldo del Obispado por mi trabajo.
Cuando el obispo se enteró, pidió que la denuncia sea derivada a él porque ocurrió en su jurisdicción y ahí inició todo el proceso de investigación eclesial. En febrero hubo un careo con él frente al tribunal eclesial, y él no pudo responder a varias preguntas. Como por ejemplo, por qué me mintió con el problema de su familia, porque después yo comprobé a través de mi empleado que su padre no era alcohólico y que tampoco le habían echado de su casa. Tampoco supo decir nada sobre las llamadas que recibía. El no pudo defender su denuncia y por eso el tribunal eclesial desestimó la denuncia.
En el caso de la Fiscalía, mi abogado acercó muchas pruebas de que yo era perseguido. Incluso una carta anónima que me dejaron en la parroquia el 31 de enero del 2010, donde me amenazaban con hacer un mitín frente a la parroquia y me trataban de abusador. También hay una carta que presentó la gente que me persigue al Obispado, que a través de un peritaje se comprobó que de cuatro personas hicieron las 160 firmas que había.
Todos los testigos en la causa declararon a mi favor, sólo la madre del chico dijo cosas a su favor, porque no iba a salir en contra de su hijo.
¿Y qué va a hacer ahora que la Justicia salió a su favor?
Yo no tengo nada en contra de nadie. Seguiré trabajando, no tengo rencor ni rabia, para mí el caso se cerró y la Justicia me dio la razón. Fue duro, no por mí sino por la gente que me sigue, que se sintió decepcionada. Pero en todo este tiempo, mucha gente me dio fuerza. Yo no voy a emprender ninguna denuncia por difamación y calumnia contra el joven, yo le perdono. Eso predico en todo momento y como sacerdote lo voy a llevar a la práctica.
SITUACIÓN ACTUAL DEL SACERDOTE
El sacerdote Mario Sotelo había sido suspendido en su ministerio por la Congregación del Verbo Divino a la que pertenece. Tras la desestimación de la denuncia, se prevé que la suspensión quede sin efecto. A partir de ahora, se desempeñará como párroco de la Iglesia 26 mártires japoneses de Pirapó, departamento de Itapúa.