18 mar. 2026

Pacientes en las dificultades

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 21, 12-19.

Los textos de la misa de hoy, cuando ya faltan pocos días para que termine el año litúrgico, recogen una parte del discurso del Señor en el que hace referencia a los acontecimientos finales de la historia.

Los apóstoles recordarían más tarde la advertencia del Señor: No es el siervo mayor que su señor. Si me han perseguido a mí también a vosotros os perseguirán.

En este caminar en que consiste la vida vamos a sufrir pruebas diversas, unas que parecen grandes y otras de poco relieve, en las cuales el alma debe salir fortalecida, con la ayuda de la gracia.

La paciencia, según San Agustín, es “la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males”. Y añadía: “no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores”.

La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas, como venidos del amor de Dios.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “El segundo aspecto nos interpela precisamente como cristianos y como Iglesia: Jesús preanuncia pruebas dolorosas y persecuciones que sus discípulos deberán padecer, por su causa. Sin embargo, asegura: ‘Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza’. ¡Nos recuerda que estamos totalmente en las manos de Dios!

Las adversidades que encontramos por nuestra fe y nuestra adhesión al Evangelio son ocasiones de testimonio; no deben alejarnos del Señor, sino impulsarnos a abandonarnos aún más en él, en la fuerza de su Espíritu y de su gracia“…

(Frases extractadas del libro de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net/op/articulos/10456/cat/331/persecucion-de-los-discipulos.html#modal).