Correo Semanal

Onetti: Mentir bien la verdad

 

María Gloria Báez

Novelista uruguayo reconocido como uno de los escritores latinoamericanos más importantes del siglo XX y un antecedente vital del realismo mágico del boom latinoamericano. Es recordado no solo como un escritor pionero, sino como uno de los muchos exiliados políticos del continente, ya que se vio obligado a huir de Uruguay a mediados de los años setenta.

Nació en Montevideo en 1909 y se crió en una familia de clase media. Experimentó una educación alegre y solitaria en la que se encerraría en el armario y devoraría libros. Al abandonar la escuela secundaria, desempeñó una variedad de trabajos diferentes antes de terminar trabajando como secretario de edición de la revista Marcha. Mientras tanto, publicó sus primeros cuentos y novelas que tuvieron un éxito limitado. Su primera novela, El Pozo (1939), fue publicada y muy aclamada dentro del limitado círculo literario de Onetti. Sin embargo, solo se imprimieron 500 copias y dejándose descomponer la mayoría en la librería Barreiro de Montevideo, que fue la única en tener la novela. No obstante, finalmente tuvo éxito y en la década de 1960 se estableció como uno de los principales novelistas de Uruguay. Ganó el Premio Nacional de Literatura de Uruguay en 1962 luego de una serie de exitosas novelas lanzadas en la década de 1950 y principios de los 60, incluyendo su trilogía Novelas de Santa María, ciclo de tres volúmenes de novelas e historias ambientadas en la ciudad ficticia del puerto de Santa María.

En 1974, Onetti fue encarcelado por la dictadura militar de Juan María Bordaberry en Uruguay. Su crimen fue otorgar un premio literario a un cuento de Nelson Marra considerado ofensivo por las autoridades militares. Por ser parte del jurado para el premio, fue encerrado por seis meses en Colonia Etchepare, un instituto mental. Estando encarcelado, varias luminarias del mundo literario latinoamericano, entre ellos Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Mario Benedetti, enviaron cartas de protesta al gobierno de Uruguay. Después de su liberación se exilió en Madrid y su perfil internacional comenzó a desarrollarse. A pesar de esta nueva fama, Onetti estuvo confinado en gran parte en su hogar durante este período y pasó sus días leyendo y escribiendo en la cama. Sin embargo, su prestigio siguió creciendo y comenzó a recibir reconocimiento literario en todo el mundo. En 1980 fue recomendado para el Premio Nobel por el Pen Club Latinoamericano, y en ese año, se le adjudica el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes conocido también como Premio Cervantes, a pesar de ser totalmente ignorado por las autoridades uruguayas.

HEREDERO DE FAULKNER Y ARLT

El trabajo de Onetti es altamente original y, por lo tanto, difícil de comparar con otros escritores; sin embargo, está claro que hubo dos profundas influencias en su escritura. Uno de ellos fue el escritor William Faulkner a quien Onetti realmente admiraba. Al igual que en el ficticio condado de Faulkner de Yoknapatawpha en Misisipi, Onetti creó un mundo autónomo cuyo centro era la ciudad ficticia de Santa María. La otra influencia en el trabajo de Onetti fue su mentor Roberto Arlt, el escritor argentino que guió lo guió su estancia en Buenos Aires.

Las obras de Onetti fueron impregnadas por las innovaciones modernistas de Europa, pero prefiguraron el simbolismo del realismo mágico, que se convertiría en el estilo dominante de la ficción latinoamericana durante gran parte del siglo XX.

La primera novela de Onetti, El pozo (1939), es considerada la primera novela moderna de Sudamérica y uno de los ejemplos más claros del antecedente hispánico de la literatura existencialista, popularizada por Jean Paul Sartre y Albert Camus. La originalidad de Onetti está en la confusión de hechos, ficción y del uso del mundo imaginario que crea para contrarrestar la realidad.

Esto podemos observar claramente en la declaración de Onetti de que "quien escribe debido a una necesidad debe buscar dentro de sí mismo, porque es el único lugar donde se puede buscar la verdad". Las pistas que nos ayudan a decodificar el universo narrativo de Onetti son la pérdida de la fe en la certeza de la verdad, el dolor metafísico de la condición humana y el sentido de futilidad que rodea a la acción humana.

Sus narradores son individuos aislados, que están perdidos en el laberinto del mundo textual de Onetti y que se encuentran incapaces de comunicar adecuadamente su sentido de angustia. Aunque nunca logró la misma cantidad de aclamación que algunos de sus contemporáneos en la literatura latinoamericana, su trabajo es un complemento vital de la historia literaria del continente, ya que ofrece un puente entre la posmodernidad de Borges, los mundos imaginarios de García Márquez y la profunda desolación de los existencialistas europeos. Su legado son obras maestras como novelas El pozo (1939), La vida breve (1950), Los adioses (1954), El astillero (1961), Juntacadáveres (1964), entre otros; cuentos, y artículos.

Juan Carlos Onetti murió en Madrid a los 85 años, el 30 de mayo de 1994.

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