La incógnita estaba instalada. La pregunta de qué Olimpia se iba a ver era la constante y la sorpresa fue grande. Porque el conjunto franjeado barrió futbolísticamente al conjunto local en base a mucha presión alta para no dar espacios, siempre intentó recuperar rápido el balón y a partir de ahí manejar el juego con tranquilidad y mucho criterio.
Julián Benítez y Richard Sánchez se encargaron de la creación de juego y los carrileros (Aquilino y Fernández) siempre estuvieron como opción de pase. Para dimensionar lo bien que se portó el equipo de Almeida, hasta Fernando Giménez, el más resistido por los hinchas hasta esta fecha, recibió el apoyo y aplausos de los hinchas.
Diferencia. En el aspecto táctico, ambos entrenadores apostaron por la misma figura, una línea de tres en el fondo, pero el funcionamiento en el aspecto colectivo e individual fue lo que marcó la gran diferencia.
El primer tiempo de Capiatá fue para el olvido. No encontró forma de contener los avances de su rival y la zona defensiva tuvo muchas complicaciones. El 5-1 terminó quedando corto por todas las chances de gol que desperdició Olimpia.
En lo ofensivo el Escobero estuvo nulo. Fue un equipo sin alma, salvo cuando ingresó Julio Irrazabal, que trato de poner un poco de rebeldía futbolística, pero no tuvo con quien asociarse y terminó metiéndose en la lucha y discusiones.
Retorno con gloria para Almeida, que le cambió la cara al equipo a puertas del superclásico y que sigue en la lucha por el título del campeonato.