04 may. 2026

Ochenta años de un nacido poeta

Rubén Bareiro Saguier, destacado colaborador del Correo Semanal, rememora algunos hechos importantes de su vida. El pasado 22 de enero cumplió ochenta años y se erige en uno de los escritores vivos más importantes del Paraguay.

CORREO RUBEN BAREIRO

Rubén Bareiro Saguier, 80 años sobre el pétalo del viento.

BlasBrítez | Periodista

bbritez@uhora.com.py

*** EDICIÓN IMPRESA***

En Villeta del Guarnipitán amanece. El río es más que un simple rumor en el horizonte: es una presencia antigua, sobre él se desliza, se sumerge la historia del pueblo. El puerto sí que suena: algunos barcos van llegando lenta y pesadamente, la gente hace sonar sus trastos, gritos perentorios a uno y otro lado. Corre el año 1930. En la familia Bareiro Saguier se espera un nuevo alumbramiento en una fecha prácticamente cabalística: exactamente dos años antes, un 22 de enero de 1928, había nacido el primer hijo del matrimonio, y exactamente tres años atrás, el 22 de enero de 1927, los padres de Rubén se habían casado. Ellos todavía no lo saben, pero su nuevo hijo será poeta, se llamará Rubén tanto como poeta será su nombre.

Ochenta años después, el poeta mira hacia atrás y no hay dios que lo convierta en estatua de sal, sino en el vivo ejemplo del orgullo, la nostalgia y la alegría. “No es fácil hacer el recuento de una vida a través de ochenta años”, dice inicialmente, ante mi consulta de qué representa para él hoy retroceder la mirada. Y agrega: “Este es un lapso extenso y, sobre todo, intenso, en el cual cuesta ?ordenar’ el sucesivo acontecer que transcurre entre la elaboración de una obra literaria - poesía, narrativa, ensayo, crítica- y un largo deambular por las prisiones de la dictadura y el extenso y doloroso exilio que la misma me infligió”.

En esta conversación, define su escritura, recuerda a personas que ya no están, la prisión, el exilio, y deja en claro sus ansiedades de hombre que sigue trabajando por la cultura de este país que lo vio nacer hace ocho décadas.

- ¿Cómo concebís a tu escritura?

- Se llega así a una andadura, resultado de una tarea denodada hecha con el barro de las palabras, concebida como la de un artesano que lucha por obtener una forma. Con esto quiero significar que la escritura no es para mí una mera técnica - que considero necesaria- , sino una tarea “entrañable” por la parte de tripas que uno va dejando en ella.

- ¿Cómo ves a tu generación, hoy a la distancia?

- Ya quedamos pocos los integrantes de la Academia Universitaria, animada por el pa’i César Alonso de las Heras, con sus alumnos del Colegio San José, a la que nos sumamos los que habíamos cursado nuestros estudios secundarios en otros institutos de enseñanza media. La mayor cantidad procedíamos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNA. Creo que fue un emprendimiento altamente positivo. Nos reuníamos en la sede de los ex alumnos del San José, los viernes a la noche. Fue un foro asumido con entusiasmo, en un clima de intercambio crítico y respetuoso. Como decía, somos pocos los que seguimos realizando una actividad en el irrenunciable terreno de la cultura. El tiempo y la dispersión nos fueron alejando y cada uno fue asumiendo su propio camino, en el que hay natural distanciamiento. Esto es lo que puedo constatar cuando hago un balance del tiempo de mi regreso.

- ¿A quiénes recordás hoy, de entre los que ya no están?

- Hay momentos y personajes que son rememorables. Así es el entrañable arzobispo Ismael Rolón, que enfrentó a la dictadura stronista, negándose a ocupar un cargo en el Consejo de Estado, tal como establecía la carta magna (con minúsculas) del dictador. Este enfrentamiento con el “tiranosaurio” lo realizó a todos los niveles. Recuerdo que cuando me apresaron, por orden del dictador, fui conducido de mi casa a la siniestra policía de investigación en la siesta. Al cabo de una buena media hora apareció una monjita que se presentó con una chipa y un ejemplar de la Biblia de Jerusalén, de parte del obispo Rolón. La chipa la saboreé y la bella edición de la Biblia fue una magnífica compañera, la que me consoló durante las horas en la celda siniestra en la que permanecí encerrado durante casi dos meses. En la celda podía leer lo que me enviaban los amigos y familiares.

Quiero evocar también la cercanía de un gran amigo y gran poeta, José María Gómez Sanjurjo, con quien compartimos camarote en el viaje a España para participar, en Vigo, en la primera reunión de escritores no falangistas, después de la cruenta Guerra Civil Española. Fuimos a Galicia, Santiago de Compostela, Tánger y Tetuán en el norte de África, Andalucía, Madrid, Barcelona, en donde me embarqué para regresar.

- En aquella época escribiste tus conocidos “poemas de la prisión”.

- Las pude mantener indemnes ante las repetidas investigaciones de mis carceleros mediante la utilización del alfabeto griego, que conocía bien en mi calidad de profesor de una asignatura, “Raíces Griegas y Latinas”. Esto me permitió poder preservar de la “curiosidad” de mis carceleros una treintena de poemas testimoniales de mis estados de ánimo, un aliciente del escritor en prisión.

- En aquel trance lograste una masiva adhesión de la comunidad intelectual internacional.

- Ese largo exilio comenzó con la expulsión, luego de mi prisión en la celda de la siniestra sede de Investigaciones. El ser expulsado del país se debe a una campaña generosa y valiente emprendida no solamente por los colegas intelectuales, sino por la ciudadanía lúcida. Entre los que fueron perjudicados por haberme apoyado no puedo dejar de recordar a la insigne Josefina Plá, quien fue expulsada del cargo que ejercía en la Escuela Municipal de Arte Escénico. La campaña solidaria se realizó no sólo en nuestro país. El comité de apoyo tuvo presencia en todo nuestro continente, así como en Europa, especialmente en Francia, en donde encabezaba la lista Jean-Paul Sartre.

- Supongo que la revista Cuenco, luego llamada Alcor, ocupa un lugar especial en tus recuerdos.

- Un párrafo especial merece la publicación de la revista Cuenco, luego Alcor, cuyo número inicial data de diciembre de 1955. La misma se impuso de tal manera que ni en la época más siniestra de la larga dictadura fue objeto de represión. Ello tiene que ver con el hecho indiscutible de su calidad y prestigio, que contó con la colaboración de los más connotados intelectuales, no solo compatriotas, sino también latinoamericanos y de diferentes países de Europa y los Estados Unidos.

- Por tu estancia en Francia, te cupo la oportunidad de conocer a los grandes representantes de la narrativa latinoamericana. ¿Cómo los recordás?

- Me cupo la ocasión de haber intercambiado tiempo y amistad con los integrantes del mal llamado “boom” de la literatura continental, que prefiero llamar auge y presencia internacional de la literatura de nuestro continente, en especial la narrativa. Esta corriente se manifestó prioritariamente entre París y Barcelona. Tuve la oportunidad de compartir diálogo con los escritores que la realizaron. Me unieron a ellos la amistad y el entusiasmo de esa corriente renovadora, aunque me considero un integrante del “pos boom”. Cabe destacar que el representante paraguayo es Augusto Roa Bastos, aunque el mismo nunca planteó una presencia en la citada corriente, pero fue un integrante capital de la misma, especialmente con Yo el Supremo.

- ¿Qué leés hoy?

- Soy un optimista que lee con mucho interés y satisfacción, sobre todo cuando constata la calidad de una nueva poesía, en especial la de jóvenes escritores. Celebro la excelencia de las mismas.

- Finalmente, ¿en qué cree hoy Rubén Bareiro Saguier?

- A esta altura de mi vida, creo en la necesidad, la posibilidad de incentivar un afianzamiento de la producción cultural, literaria, para proseguir la tarea iniciada en el lapso que me tocó compartir con mis colegas.