24 feb. 2026

Nunca más un 4 de mayo en la historia paraguaya

Se cumplen hoy 60 años del golpe militar encabezado por Alfredo Stroessner contra el presidente Federico Chaves. Aquel evento supuso el inicio de una de las etapas más oscuras de la historia del Paraguay: un ciclo político que implicó el dilatado ocaso de las libertades y la instauración de un oprobioso modelo de corrupción. En esta fecha se impone una profunda reflexión de la clase política para atacar de fondo las causas que engendran el autoritarismo y evitar una indeseada regresión histórica.

Nada de lo que acontece en el transcurso de la existencia es fruto de la casualidad. Así acontece tanto en la vida de los individuos como en la de las naciones. En este sentido, tampoco fue fortuito el surgimiento de la dictadura encabezada por Alfredo Stroessner, de cuya instauración hoy se conmemora el 60 aniversario.

Las profundas heridas abiertas en la sociedad por la Guerra Civil de 1947, las severas divisiones existentes al interior del Partido Colorado y el clima de acentuada inestabilidad sobrellevada por el país en los años posteriores a aquel conflicto fratricida, fueron algunas de las circunstancias en las que se cebó el golpe del 4 de mayo de 1954.

Tras el enfrentamiento del ’47 y ya con el Partido Colorado instalado en el poder, el Paraguay tuvo cuatro presidentes en el brevísimo plazo de un año y tres meses, entre 1948 y 1949. Eran las facciones internas de la Asociación Nacional Republicana las que combatían entre sí para ejercer el control absoluto del gobierno. “Cuando la lucha no se plantea de partido a partido, entonces se produce dentro del propio partido”, dijo en aquella época el dirigente colorado Juan Manuel Frutos.

En medio de este clima de severa inestabilidad es que hizo aparición en escena la figura de un militar oportunista como Alfredo Stroessner, quien logró catalizar el descontento popular y galvanizar apoyos castrenses para alzarse contra el poder civil y encumbrarse en la presidencia de la República. Lo que siguió después es por todos conocidos: 34 años de enclaustramiento, degradación moral, supresión sistemática de las libertades, violación de los derechos humanos y, muy particularmente, la instauración de la corrupción como práctica común en la administración de la cosa pública.

Nuestra clase política tiene, pues, la necesidad de reflexionar sobre las causas que derivaron en la instauración de una dictadura en el Paraguay, y en particular el Partido Colorado, que fue protagonista principal de aquellos hechos y que también hoy se encuentra en función de gobierno.

Aún sigue vigente, en el ánimo de algunos políticos colorados, el afán de anteponer sus intereses personales y sectoriales al bien común de la sociedad paraguaya. Ellos, pues, deben meditar acabadamente sobre el alcance de sus acciones, y el perjuicio que las mismas pueden suponer para la consolidación de nuestro aún endeble proceso democrático.