Arte y Espectáculos

Noche antológica en el Teatro del Hotel

 

Como hace cinco años, cuando vino a Asunción por primera vez, Kreator arrancó el concierto del martes en el Teatro Guaraní pasadas las 22.00. Como hace cinco años, abrió el espectáculo con Phantom Antichrist. Publicado en su homónimo disco decimotercero —veinte años después de su fundación—, la canción es hoy infaltable como arranque de sus shows, acaso como una declaración de principios de una banda que hace una música aplastante en su mejor sentido (por momentos magistralmente cadenciosa), una música que se apoya en la rotundidad de la batería de Jürgen Ventor Reil, la voz y las letras ominosas y nihilistas del querible Mille Petrozza y, por supuesto, en el fervor machacante de las guitarras.

Fue una puesta redonda, con profusión de luces y un sonido impecable como no se acostumbra. Es la ventaja acústica de los teatros, lo que trae como desventaja decenas y decenas de espectadores quietos, filmando el concierto; una cosa que, cuando se multiplica, es detestable. Como detestable es el hecho de que se hayan vendido entradas diferenciadas, sin lugares diferenciados. Lo que ronda la estafa, y la productora Diorama lo sabe.

Flag of hate o People of the lie viajaron al pasado, pero el grueso de la presentación vino de los álbumes contemporáneos que reconcilian con el poder del thrash. Solo eso ya justifica ser testigo del arte de Kreator.

Antes estuvieron los suecos Arch Enemy, quienes con su potencia melódica (típicamente nórdica, desde el clásico Sibelius) y la performance escénica de su inquieta vocalista, Alissa White-Gluz (quien suplantó a quien muchos extrañan, Angela Gossow), abrieron estupendamente la jornada para que luego Kreator fuera posible.

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