La creciente de los ríos principales y secundarios que afecta no solo a nuestro país, sino a la región, permite el ejercicio de la solidaridad activa.
Desde el momento en que las aguas empezaron a desalojar a los pobladores de la ribera, algunos sectores de la sociedad civil se han organizado para colectar alimentos, ropas, materiales para techos, medicamentos, carpas y todo cuanto pueda servir a los afectados por la crecida en sus nuevos precarios asentamientos en plazas públicas, veredas, baldíos, clubes y otros lugares.
Ese aporte se ha agregado a la tarea liderada por la Secretaría de Emergencia Nacional (SEN), órgano natural del Estado destinado a dar respuestas a los requerimientos de los necesitados en estas circunstancias.
Esa acción, en la que se dan la mano lo público y lo privado, hace que la situación crítica se vea atenuada por la suma de esfuerzos que lleva el propósito de paliar los sinsabores ocasionados por un fenómeno natural que desnuda las limitaciones generadas por la pobreza.
En estos días de precariedades y necesidades multiplicadas aparece en escena el gesto solidario de las instituciones públicas argentinas que acogen en Clorinda a damnificados por las inundaciones provocadas por los desbordes de los ríos Paraguay y Pilcomayo, que han buscado acogida en territorio del vecino país.
El Municipio de Clorinda y el Gobierno de la Provincia de Formosa son los que les abren las puertas de los refugios instalados en diversos lugares de la ciudad fronteriza con el Paraguay.
Los servicios diversos que están a disposición de los beneficiarios de la hospitalidad de las instituciones públicas argentinas revelan el amplio espíritu de cooperación de los que pasan por alto el dato de la procedencia de las personas para brindarles la ayuda que requieren en la situación de extrema gravedad que les aqueja.
“La orden de la Intendencia fue asistir a todos los que necesiten, sean argentinos, paraguayos o de cualquier otro lugar”, dijo una funcionaria de la Municipalidad de Clorinda, ratificando en palabras lo que los hechos certifican a cada instante.
Más allá de las diferencias que existen entre los dos países en algunos relevantes temas bilaterales, es alentador verificar, una vez más, que cuando se presentan situaciones extremas en que lo más importante no es la nacionalidad de los afectados por la realidad adversa, sino su condición de seres humanos, los ciudadanos argentinos abren los brazos a los paraguayos.
Por eso, no queda sino valorar el gesto solidario de los que hacen desaparecer los límites fronterizos y practican con hechos la fraternidad.