Editorial

No se puede ignorar creciente ola de violencia en las calles

Mientras voceros policiales repiten el gastado libreto de que solo hay una “sensación de inseguridad” causada por medios de comunicación, el miedo se ha instalado en las calles ante sucesivos episodios de robos y asaltos con trágicas consecuencias. La gente no se siente segura viajando en ómnibus, ni esperando en las paradas, ni entrando a los comercios, ni saliendo a las veredas a tomar tereré: casi todos estos lugares se han vuelto peligrosos. La paulatina salida de la crisis de la pandemia agudiza la inseguridad y el Gobierno no tiene previstas políticas de contingencia. No hay sistemas operativos de prevención que logren disminuir la oleada de hechos delictivos. Se requiere una acción coordinada de los tres poderes del Estado y organismos de la sociedad civil para enfrentar las diferentes falencias, pero la clase política parece más preocupada por las próximas elecciones.

La gente tiene miedo. En una encuesta que este medio llevó a cabo ayer en su cuenta de Twitter, con el siguiente enunciado: “Ante la ola de asaltos violentos y frente a situaciones que causan temor y zozobra, ¿se siente seguro al salir de su casa?”, una mayoría de más del 90% de encuestados respondió categóricamente: No.

No es para menos. En los últimos días hemos presenciado varios episodios conmovedores que denotan un aumento de la inseguridad en las calles.

El caso de los pasajeros de un bus que fueron desvalijados por tres asaltantes, el de la mujer que esperaba un ómnibus sentada en el cordón de la vereda y fue apuñalada por un carterista, el de una joven madre que fue asaltada con su bebé en brazos, el de una familia que también fue abordada por asaltantes en moto mientras tomaban tereré en la vereda de su casa, son algunos de los muchos casos reportados en los últimos días, pero sin dudas el hecho que causó conmoción fue el de la joven Liz Mariela Vega, de 22 años, a quien un asaltante que se hacía pasar como vendedor ambulante despojó de su celular a bordo de un ómnibus de la empresa Paraguarí, el domingo último. Ella trató de perseguir al asaltante, saltando tras él del bus en movimiento, pero cayó sobre el pavimento y ayer se encontraba en Terapia Intensiva, en estado grave, con coma inducido y pronóstico reservado.

Esta es una situación de la cual ya se había advertido que podría ocurrir, a medida en que se fuera superando paulatinamente la grave crisis ocasionada por la pandemia del Covid-19. La paralización de oportunidades laborales que afectó a los sectores más vulnerables también tuvo gran impacto en sectores que se dedican a la delincuencia, pero los organismos del Estado no han previsto ninguna política que pueda prevenir esta situación, como tampoco tienen capacidad de reaccionar ante la actual ola de violencia.

La situación, denominada ya como “la otra pandemia” necesita ser enfrentada y superada con más éxitos que la pandemia del coronavirus. Lamentablemente, las autoridades encargadas, en lugar de reconocer la situación y plantear respuestas con eficacia, siguen optando por buscar justificaciones trilladas, como la que había brindado en su momento el subcomandante de la Policía Nacional, comisario Víctor Balbuena, al sostener que solo existe “una sensación de inseguridad” generada por los medios de comunicación. Es el mismo discurso gastado que había hecho hace más de una década el entonces ministro del Interior, Rogelio Benítez, durante la administración del presidente Nicanor Duarte Frutos, cuando aseguró que no existía una inseguridad real, sino solamente “una percepción de inseguridad” generada por los medios de comunicación para desacreditar al Gobierno, respuesta que en su momento también generó todo tipo de burlas en la población.

El Gobierno no ofrece respuestas ni tiene previstas políticas de contingencia. No hay sistemas operativos de prevención que logren disminuir la oleada de hechos delictivos. Se requiere una acción coordinada de los tres poderes del Estado y organismos de la sociedad civil para enfrentar las diferentes falencias, pero la clase política parece más preocupada por las próximas elecciones.

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