Economía

No nos queda otra opción

 

Jaime Egüez, presidente del Club de Ejecutivos

Ante el escenario que enfrentamos como nación en el semestre que falta del 2022, debemos atender los factores que pueden causarnos un retroceso irreversible en la gestión del país. No voy a plantear algo que culturalmente estamos incapacitados de realizar, en especial, por la falta de visión y preparación de muchas de las personas que se hallan en puestos de poder que afectan a nuestro futuro.

La gran mayoría de los interlocutores que deben actuar hoy en políticas públicas se encuentran en carrera electoral únicamente para retener su puesto de poder. Somos testigos de cómo el tiempo es limitado en la gestión de asuntos de Estado, sobre todo, en los que atañen a decisiones que van a afectar a la sostenibilidad de la gestión pública.

El país requiere prudencia y una contención del gasto superfluo e innecesario que año tras año el Estado realiza, así como establecer una estricta gestión en los gastos que vendrán a ser propuestos por todos los actores que tienen acceso al manejo de los fondos públicos. Desde contrataciones temporales de asesores y funcionarios, hasta la compra de servicios que no hacen falta o son absolutamente innecesarios.

Este semestre será de una economía de guerra porque el sector privado –mayor fuente generadora de impuestos– está en durísima batalla para generar estos recursos. La presión inflacionaria, las complicaciones en logística, la suba de combustibles y la actualización del salario mínimo que, aunque sea un ajuste más que necesario y justo dentro de las reglas de juego, vienen a complicar aún más el escenario socioeconómico. Además, muchísimos de los microempresarios no pueden formalizar a gran parte de su operación porque los organismos aún tienen mucho que hacer para adecuar las condiciones de ser formal de acuerdo con el segmento de la economía.

El escenario de menos ingreso en las arcas del Estado y una permanente modificación generada por algunos populistas en el Congreso, que plantean cada vez con más asiduidad fórmulas que solo miran un beneficio electoralista, son muy peligrosas en este momento. Un PGN 2022, ya de por sí bastante complicado por las condiciones de la caída de los ingresos de un motor tan relevante como el agro, ha puesto una presión enorme sobre la necesidad de equilibrar el déficit fiscal con emisión de deuda.

En el pasado, el Gobierno usaba la emisión local de bonos a través de la Bolsa de Valores como un mecanismo de apalancamiento local para determinados calces necesarios en el manejo del flujo de caja, fondos que son deuda interna en guaraníes lo que permite un menor riesgo en la deuda en dólares con organismos multilaterales. Este mecanismo se ha agotado por la falta de interés de los inversores locales de pagar una tasa competitiva, lo que creo que es una alerta para el erario de que algo no está tan bien como pensábamos.

Ante esta coyuntura estamos enfrentando el inicio de las gestiones del PGN del 2023, lo que aún no tenemos ni idea de cómo un ingreso vital como del agro vendrá a apuntalar la tan deseada recuperación de la economía. Insisto, no hay cómo gastar lo que no se tiene, a no ser que se tome la decisión de endeudarnos. Endeudarse para construir fuentes de ingresos no es una decisión equivocada, pero endeudarse para asumir gastos operativos definitivamente es una decisión equivocada.

Estamos apoyando la gestión del Gabinete Técnico del Ejecutivo, liderado por el Ministerio de Hacienda, que aboga por una política de austeridad y de prudencia. Solo nos falta incidir en el segmento de poder político, concentrado en el Senado y Diputados, para entender que en estos momentos no podemos permitirnos ser imprudentes y menos aún populistas.

El ajuste del cinturón económico –aquí, en Japón o en Alemania– demanda seriedad, conocimiento y fuertes convicciones con el país. No se trata de ser reelecto, se trata de que Paraguay esté de pie para el 2023. Por ello, insistimos en que requerimos de un acuerdo nacional Paraguay 2023.

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