Los agentes españoles viajaron el 27 de enero a Bolivia, a fin de colaborar con la policía de ese país, y lograron localizar la casa donde el secuestrador y la niña habían vivido hasta el día anterior a la llegada de los investigadores.
Grover y Nada, relata el teniente Hidalgo, abandonaron la casa porque el hombre necesitaba dinero y volvió a la selva para trabajar en las plantaciones de coca.
Las abundantes lluvias complicaron a los agentes la búsqueda, por lo que decidieron volver a España. “Dimos una tregua al tiempo”, continúa el guardia civil.
De vuelta a Bolivia, los agentes supieron que Grover se había puesto en contacto telefónico con una persona desde una cabina en medio de la selva, en un lugar de difícil acceso. Finalmente, y a través de agentes de narcóticos, se negoció con sindicalistas cocaleros que controlaban los poblados, a quienes se les convenció de que sus propias familias corrían riesgo con la presencia del secuestrador.
Una cuadrilla de 8 a 10 hombres retuvieron a Grover a la fuerza en la caseta donde vivía, y entregaron a Nada a las mujeres hasta que agentes españoles y bolivianos la rescataron en un helicóptero y arrestaron al secuestrador. efe