25 abr. 2026

Negacionismo y fascismo

Por Sergio Cáceres Mercado caceres.sergio@gmail.com

El filósofo Theodor Adorno propuso un nuevo imperativo categórico esto es, un dictado irrefutable de la razón que nos mueva a una correspondiente acción luego del exterminio judío en la Segunda Guerra Mundial. Decía: “Hitler ha impuesto a los hombres un nuevo imperativo categórico para su actual estado de esclavitud: el de orientar su pensamiento y acción, de modo que Auschwitz no se repita, que no vuelva a ocurrir nada semejante”.

Negar el Holocausto es algo impensable, y sin embargo hay personas que lo hacen. En ese contexto se entiende la acción del diputado Hugo Rubin al querer modificar una ley y así poder encarcelar a los negacionistas e incluso con más años a los instigadores de genocidios. Desafortunadamente, dicha propuesta –de llegar a concretarse– será más contraproducente que positiva, al menos para el marco de las libertades públicas que el mismo Rubin, en su carácter de periodista y político, suele vanagloriarse de defender.

Rubin parece no entender que en una sociedad democrática y en un estado de derecho, que al menos de nombre es el Paraguay, no se puede castigar a la gente solo por lo que piensa. Al accionar de esa manera, el diputado del Encuentro Nacional lo único que hace es reforzar su tendencia fascista, de la cual hace mucho se sospecha a partir de sus exabruptos y demás declaraciones.

Con este proyecto, que se llevará a la Cámara Baja esta semana, Rubin demuestra que efectivamente el antisemitismo es una posición que muchos sostienen en el Paraguay, pues ha sido vituperado con adjetivos terribles por ser judío. Pero eso no debe ser un refuerzo para continuar en su idea de castigar con cárcel las ideas de los demás. Existen otros métodos menos coercitivos, pues combatir el fuego con más fuego lo que hace es incendiar más la sociedad.

La democracia implica que pueden haber semejantes míos que opinen de manera radicalmente opuesta a mí, incluso que defiendan ideas peligrosas; pero ese es justamente uno de los riesgos de esta clase de organización política que hemos aceptado constitucionalmente. Si vamos a censurar, encarcelar o eliminar a aquellos que no piensen diferente, lo que nos conviene es una sociedad represora de tipo totalitario.

La sociedad nuestra es racista, discriminatoria, xenófoba con judíos, indígenas, marginales, extranjeros, etc. El mejor modo en que Rubin puede ayudar es con proyectos más inteligentes, y no simplemente con la acción punitiva.