Considerada el pulmón de la capital, con 250 hectáreas de terreno; 110 de bosque natural y 70 de hábitat y recintos de animales, el Jardín Botánico y Zoológico, creado por el científico alemán Karl Fiebrig, en 1919, está a punto de cumplir cien años de existencia y es una alternativa para recrearse con los chicos en estas vacaciones.
Este sitio, que fue casa de campo del primer presidente don Carlos Antonio López, aún conserva construcciones que son parte del patrimonio histórico, urbanístico, cultural y artístico de la ciudad, como lo son la Casa Alta y el Solar de Artigas, que fuera residencia del prócer uruguayo José Gervasio Artigas durante su exilio.
Asimismo se cuenta con el Museo de Historia Natural, muy visitado cada año por miles de estudiantes como parte de su malla curricular.
Subsisten sectores antiguos y de singular belleza como El Rosedal, también llamado El Jardín de la Señora, el Parque Romano, la Pérgola Rosa, la avenida Samu’ú, entre otros.
En 1896 el Estado paraguayo lo incluyó como parte de su patrimonio, pero en 1936 lo transfirió a su actual propietaria, la Comuna capitalina.
El zoo. Hoy el zoológico asunceno alberga a 600 animales de 70 especies diferentes, entre mamíferos, reptiles, felinos, aves y otros, desglosa el médico veterinario Diego Ayala, de la Fundación Maris Llorens. Precisa que desde que esa organización se hizo cargo del lugar, se amplió y se ambientaron los hábitats de animales, como es el caso del ocupado por la elefanta Maia y de la fallecida pareja de chimpancés Congo y Chita.
“Cambiamos las jaulas, que asemejaban prisiones, por ambientes más amables y adaptados a las características de cada especie. Una prueba de que ello fue positivo es el nacimiento de taguás, papagayos azules y dorados, rojos, carpinchos y otros que antes no nacían en cautiverio”, resalta.
Cuenta que se hicieron millonarias inversiones como la construcción de cómodos y seguros recintos para felinos que invitan hoy a dar un paseo por el sitio y conocerlos.