A pesar de vivir con el riesgo de que la creciente los desaloje en algún momento, muchas personas –ante la indiferencia de las autoridades– se han acostumbrado a habitar lugares indignos para seres humanos. Bastará con echar una mirada a los bañados que circundan la ciudad de Asunción para constatar la miseria en la que sobreviven a duras penas.
Habitar esos espacios pequeños invadidos por una permanente humedad, con olores impropios de sitios habitados por la gente y con servicios muy precarios, sin embargo, cuenta con atractivos que son los que determinan que las personas muy pobres vuelvan después de las inundaciones a sus precarias viviendas... si algo quedó de ellas.
Por lo general, quedan muy cerca de sus fuentes de ingresos diarios. No tienen necesidad de pagar pasajes ni gastar horas en trasladarse hasta los lugares que les proporciona la raquítica suma de dinero que les permite pasar de un día a otro. Tampoco están lejos las escuelas para los hijos.
Otras ventajas están dadas porque no pagan por el servicio de energía eléctrica o abonan sumas irrisorias por instalaciones clandestinas y por el agua al que acceden de alguna manera.
Con una mentalidad programada para subsistir en condiciones precarias, no les preocupa que sus diminutos terrenos –la ley dice que la extensión mínima de un lote debe ser de 360 metros cuadrados– no sean de su propiedad, que el hacinamiento y la promiscuidad sean características de su modo de vivir y que por esas condiciones en las que viven se les cierren las puertas de oportunidades que sí se abren a otros ciudadanos que también viven en la pobreza.
Ante esta realidad, cuando el Gobierno o instituciones civiles les proponen un cambio de hábitat para ser trasladados a sitios donde van a desenvolverse en condiciones más dignas, suele haber una dura resistencia. Detrás de ellas hay que buscar razones de orden económico, pragmático y cultural.
A pesar de ello, el Gobierno acaba de llevar a buen puerto un proyecto para trasladar a más de 200 familias que habitaban zonas inundables a un barrio ubicado a unos 30 kilómetros de la capital.
Para que la iniciativa sirva de solución duradera y sostenible en el tiempo, es necesario, sin embargo, completar el círculo de la acción social con fuentes de trabajo cercanas que no obliguen a esas personas que vivían a 10 minutos de su fuente de ingresos a viajar dos horas y a tomar 3 colectivos.
Las dificultades de traslado, directamente vinculadas a la supervivencia diaria, pueden convertirse en factores que echen a perder el saludable emprendimiento.
Para el éxito real del proyecto, urge tomar medidas, hacer un seguimiento de las nuevas condiciones de vida de las personas que se mudaron a casas propias más confortables y dar respuestas a los nuevos requerimientos.