Opinión

Motel

Sergio Noe

Sergio Noe Por Sergio Noe
Hoy es San Valentín y toca hablar de seudoamores políticos. Los actores del sufragio universal y la clientela de un motel tienen algo en común: el sigilo de sus votantes, en el primero, y la discreción, en el segundo. En resumidas cuentas, el secreto es un aspecto importante en ambos puntos, valga el vulgar parangón.

Los dueños de un motel no conocen precisamente a su clientela en cuanto al rostro se refiere (valgan las excepciones como las facturas que documentan nombres, los sistemas de cliente fiel que registran a los usuarios frecuentes o las estadísticas de geolocalización de Google), y en el acto del sufragio, tampoco los demás saben qué candidato elige el sufragante (salvo excepciones, como la de aquellos que venden su voto documentándolo en una fotografía gracias a un teléfono celular).

Teóricamente, las cuatro paredes son testigos de la vinculación íntima de los amantes a la hora de rentar una habitación en un motel, mientras que el cuarto oscuro actúa casi de modo similar: ciego, sordo y mudo ante los actos de un votante.

En este intento de paralelismo, el político y el amante comparten un punto en común: quieren que los elijan. Uno para lograr un cupo de poder y el otro para obtener un espacio en la cama. El político y el amante también coinciden en otras facetas: se llenan la boca de promesas y seducen de todas las formas, pero a la hora de la verdad, no existen o bien, no cumplen con lo pactado.

El 10 de octubre próximo serán las elecciones municipales para elegir a los intendentes y miembros de juntas municipales en todos los distritos del país, para el periodo 2021-2025, según informa el Tribunal Electoral. Como gran novedad, en estas elecciones se aplicará por primera vez en la transición democrática el desbloqueo de las listas sábanas, aprobada en 2019.

Este nuevo condimento motivará un gran movimiento al interior de los partidos e impulsará alianzas, además de catapultar liderazgos individualizados que pugnarán por un curul en los espacios de poder.

Es año electoral y es una suerte de antesala a las próximas elecciones del 2023. Habrá sorpresas y se reflejará cómo se moverá ese tablero político para elegir al próximo presidente y vicepresidente, senadores, diputados, gobernadores, juntas departamentales y miembros del Parlasur.

Así, la nueva oferta electoral será quizás variada con estos cambios. Sin embargo, la propuesta no dejará de concentrarse en los dos partidos tradicionales e históricos (colorados y liberales) que pueden darse el lujo de desarrollar una buena campaña, desplegando su colosal maquinaria, gracias al ingente capital humano y económico del que disponen.

El votante no puede sucumbir ante las promesas de los viejos amantes que se venden al mejor postor con impecables apariencias resultantes de retoques del Photoshop para ganar simpatía. El sufragante tampoco puede guiarse por la seductora legión de succionadores de calcetines digitales prestos para regalar corazoncitos o varios “me gusta” en redes sociales, o caer en manos de los tradicionales seccionaleros que ofertan algún cienmil’i para reunir caudal electoral a platazos.

Si se sigue votando en “modo borrego”, sin duda, emergerá el lamento vestido de desengaño y allí el pobre San Valentín no tiene culpa de la elección de los malos amantes. Los votantes no pueden ir caminando como inocentes corderitos a la palestra de la hoguera, bajo bellos discursitos como si se cayera bajo los encantos de la melodía seductora del flautista de Hamelín o del hipnótico canto hechicero de Terpsícore.

La razón y la cordura deben primar al momento de votar para no lamentar los tristes servicios públicos y postergaciones a los que son sometidos todos los días los sufridos paraguayos. Es hora de decir basta. No se puede premiar tontamente al político que se comporta como el amante que promete el oro y el moro. Tampoco debemos permitir que el cuarto oscuro se convierta en un vulgar cuarto de motel o un bulín de cuarta categoría.

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