Durante la “Nakba”, alrededor de 760.000 árabes palestinos huyeron o fueron expulsados de sus hogares, según datos de la ONU, para refugiarse en los países vecinos o en lo que se convertiría en Cisjordania y la Franja de Gaza.
En este último territorio, asediado y asolado por la guerra entre Israel y Hamás, la población civil, desplazada varias veces desde el inicio del conflicto, vuelve a las carreteras tratando de encontrar refugio, aunque la ONU diga que “no hay lugar seguro en Gaza”.
El debilitado primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, prometió destruir a Hamás –que tomó el poder en Gaza en 2007 y al que considera una organización terrorista, igual que Estados Unidos y la Unión Europea– tras el ataque del movimiento islamista en Israel el 7 de octubre.
Para ello, el dirigente está decidido a lanzar una gran operación en Rafah, ciudad del extremo sur del territorio donde viven hacinados cientos de miles de palestinos, la gran mayoría desplazados, y donde según él se encuentran atrincherados los últimos batallones de Hamás.
Esta invasión preocupa a la comunidad internacional, empezando por Estados Unidos, principal aliado de Israel, por sus consecuencias para la población civil. AFP