Sergio Cáceres Mercado | caceres.sergio@gmail.com
En este caso, las tortugas ya existen y la lucha contra el mal se da en el acto. De este modo, por ejemplo, no podemos adentrarnos en las personalidades de las cuatro tortugas, no entendemos la rivalidad entre Leonardo y Rafael, o por qué este último es el líder, entre otros detalles. Este es uno de los elementos que hace que este debut no sea del todo auspicioso.
Ciertamente, la caracterización de las tortugas está muy bien lograda, lo que es un punto a favor del maquillaje y los efectos especiales, que también se luce en varias escenas de acción, como el descenso vertiginoso en la nieve. En este sentido, las tortugas son más convincentes que los actores reales, muy acartonados en sus respectivos papeles. Megan Fox, afortunadamente, ya no es exigida en las poses de mujer fatal que impuso en Transformers, pero el bueno que luego es un villano es tan previsible en su transformación que le quita la poca sorpresa que puede darnos la historia.
En sí, lo poco que puede darnos este tipo de producciones es totalmente satisfecho, pero las inconsistencias son tales que al final parece que asistimos a un festival de juegos artificiales que si no fuera por la chispa de humor de Miguel Ángel, hasta hubiese sido aburrido. Hay una sola pizza, un solo ¡kawawonga!, así que los fanáticos de los mutantes adolescentes ninjas pueden quedar decepcionados.
Las escenas de lucha están bien coreografiadas, aunque siempre hay que soportar las exageraciones del caso. Aquella primera producción que se hizo para el cine hace unos años atrás no pudo ser superada por esta nueva.