Por esas casualidades de la vida que solo en Semana Santa pueden darse, encendí el televisor la madrugada del Viernes Santo y me encontré con las habituales películas y otros entretenimientos acordes al momento. Un documental, sin embargo, llamó mi atención y lo vi completito. Pero más aún me llamó la atención que un canal paraguayo pasase algo de ese género, pues en general no hay nada excepto banalidad en la programación, incluyendo algunos noticieros.
Esto me llevó al ejercicio de contar mentalmente cuántos medios de comunicación clásicos se preocupan, en general, por la educación de sus oyentes, lectores o telespectadores al momento de decidir por los contenidos que difunden. Efectivamente, la televisión, posiblemente la más penetrante y masiva de todos, resultó la menos preocupada por tal aspecto. Algunos canales han optado directamente por la frivolidad, mientras algunos conservan ciertos oasis de pensamientos. Pero en general, la televisión paraguaya ha caído en una oquedad alarmente.
A nuestros canales de televisión le siguen los periódicos, entre los cuales están los vertebrados y los invertebrados, es decir, aquellos con postura editorial y aquellos que les importa un bledo esto. En un mundo donde los periódicos impresos van muriendo frente al avance inatajable de lo digital, nosotros somos capaces de ver nacer a impresos nuevos. Sin embargo, los que más se venden y gozan de una salud envidiable son los invertebrados, aquellos que fomentan el chisme, el amarillismo y la desinformación. Lejos está de ellos al menos un mínimo interés por ofrecer alguna postura crítica para sus lectores.
Los periódicos vertebrados luchan por sobrevivir, dentro de sus incoherencias y falencias, al menos sientan posturas editoriales, por más que en ocasiones sean falsas o interesadas. Al menos estos ofrecen un valor agregado al lector, con espacios críticos y suplementos educativos. Pero eso cuesta dinero y la calle está dura y pensar cuesta, por eso el promedio de nuestros “lectores” de diarios en general prefieren el analfabetismo funcional que les ofrecen los invertebrados.
En el lado opuesto me encontré enumerando las radioemisoras de amplitud modulada (AM), que son el único lugar donde todavía hay debate generalizado, algo de pensamiento crítico y participación ciudadana. Las de frecuencia modulada (FM) no cuentan porque ellas con sinceridad afirman que su objetivo es meramente entretener al oyente, es decir, son invertebradas y lo asumen. Que las AM sean el ámbito pleno donde aún hay cierta inteligencia me sorprendió, pues como radioescucha debo admitir que han caído mucho en calidad, pero así y todo conservan cierta seriedad frente a las televisoras que han cambiado total y desvergonzadamente su norte.
Nuestra cultura oral, refractaria de la lectura, al menos está siempre atenta a la radio, cuya capacidad de penetración aún es altísima. Roguemos porque sigan así y no se vuelvan invertebradas. Perderíamos así, con algunos diarios, los pocos lugares de discusión ciudadana que aún nos restan.